Cine: Proyecto Rampage

Ficha:

Metamorfosis animal

 

Una poderosa empresa de investigación genética ha desarrollado un patógeno en una estación espacial que combina diversas carácterísticas animales –agresividad, regeneración celular, gigantismo, etc.– con el fin de venderlo como arma biológica. Pero un fatal accidente tiene como resultado que tres muestras de la peligrosa sustancia caen a la Tierra. Una ellas es inhalada por George, un inteligente gorila albino de una reserva de Chicago, al que su cuidador, el primatólogo Davis Okoye, trata como a un verdadero amigo. George experimentará entonces una peligrosa transformación.

Film de puro entretenimiento que supone una especie de mezcla entre King Kong y Mi gran amigo Joe, sólo que a lo bestia y cambiando a la linda damisela por un forzudo gigantón. Dentro del planteamiento fantasioso del conjunto, el director Brad Peyton demuestra que tiene una justa medida de lo que el público está dispuesto a disfrutar. Ya lo hizo en su anterior película, la catastrofista San Andrés, de la que prepara una secuela y en donde contó asimismo con el heroísmo de Dwayne Johnson como gancho comercial. Sin embargo, en este caso las cosas se le desmadran un poquito a Peyton, pues la batalla final adquiere proporciones apocalípticas con un nivel de destrucción absolutamente delirante que, a la postre, no es más que un artificio para enmascarar un guión sin demasiadas ideas.

Tras un sorprendente arranque espacial al estilo Alien, la historia de Proyecto Rampage incluye típicos elementos de conexión humano-gorila, que traen a la memoria también las relaciones entre Will y César en El origen del Planeta de los Simios. Se concede así a los animales un rostro y unos sentimientos prácticamente humanos un tanto disparatados, pero a la vez se crea una intriga afectiva que atrapa medianamente. Por supuesto, en el lado opuesto se sitúan los malvados científicos que quieren controlar la creación a su antojo, actuando paradójicamente sin asomo de humanidad ni una mínima conciencia ecológica. Resultan así bastante caricaturescos y simplones los personajes de los hermanos interpretados por Malin Akerman y Jake Lacy.

Aunque como queda dicho el film enloquece en la segunda mitad, hay que reconocer que el alarde de efectos especiales es de perfección casi absoluta, con unas apabullantes escenas de acción y destrucción en pleno Chicago que superan lo esperado, aunque puedan ser también un poco reiterativas y agotadoras. No falta tampoco el toque de humor en algunos momentos, lo que viene a ser la firma personal de Dwayne Johnson, un actor que resulta perfecto para este producto ideado para degustar con palomitas, aquí bien acompañado por Naomie Harris en el típico rol de la científica buena. Carga un poco sin embargo, el personaje de Jeffrey Dean Morgan, que parece no salir del bucle y repite una y otra vez los largos parlamentos y sonrisitas a lo Negan que arruinaron la serie The Walking Dead.

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