¿Conmigo, contigo o con todos?

¿Conmigo, contigo o con todos?

Un viaje por la seguridad, la privacidad y la intimidad

Educar a nuestros hijos sobre ciberseguridad y privacidad es necesario, pero quizá previamente hay que hablarles del valor de su intimidad (propia, familiar y social).

Para empezar veamos la diferencia entre privacidad e intimidad:

  • La privacidad en internet se refiere a la información sobre nosotros que, aunque puede en principio no ser relevante, si es analizada o utilizada por terceros revela un mapa de nuestra identidad. Estamos hablando de hábitos, pertenencia a grupos (empresas, barrios…) o actividades, entre otros.En estos tiempos conectados, la privacidad absoluta no existe. Por ejemplo, cuando salimos por la puerta de nuestra casa las cámaras de seguridad nos están grabando. Además, aunque no estuvieses en redes sociales, lo más probable es que compres algo en Internet o busques cosas en Google. Seguro que tienes una dirección de correo electrónico (en servidor de terceros) y tienes un móvil inteligente, con apps conectadas a la Red. Y de lo que no cabe duda es que nuestra información está almacenada en la nube porque así gestionan nuestros datos e historiales en ámbitos como Sanidad, Banca, Hacienda o Empleo.
  • La intimidad es, según la RAE, una “zona espiritual íntima, reservada de una persona o de un grupo, especialmente de una familia”. La intimidad tiene que ver con la parte más ‘interior’ de una persona: sentimientos, creencias, pensamientos… Normalmente las compartimos con nuestra esfera más cercana.La tecnología hace demasiado fácil que nos olvidemos de que hay cosas solo nuestras, que se saborean mejor en persona o que no hace falta contar en un mensaje o en una foto porque eso que cuentas ‘queda’ y hoy cualquier cosa llega a cualquier parte con enorme rapidez. Por eso es importante hablar con nuestros hijos sobre la importancia de proteger su intimidad.

Concienciar a los niños de su propia intimidad

Los adultos hemos llegado a la conectividad después de haber asumido que lo privado es privado y que hay cosas que es mejor no contar.

Los niños y adolescentes de hoy crecen en un mundo en el que abrirse a los demás sucede antes de que tengan conciencia de su intimidad. No tan mayores empiezan a comunicarse con sus amigos a través de mensajes, contando lo que se les ocurre y poniendo por delante la maravillosa inmediatez que vence distancias, frente al “pensar dos veces” en lo que le cuentas a alguien. Y antes incluso de llegar a la adolescencia, muchos se inician en redes sociales y publican videos, fotos o comentarios que tienen que ver con su vida privada y que exponen al mundo sus sentimientos, frustraciones, esperanzas o miedos. Algunos ejemplos:

  • Chico de 11 años que invita a un amigo a casa y, como los dos tienen móvil y cuenta en Instagram, graban un ‘directo’ enseñando el cuarto, el salón, la cocina, la entrada… añadiendo además que papá y mamá han salido a hacer recados y que están en ‘plan de mayores’.
  • Chica de 12 años que cuenta en su chat ‘BFFs’ (Best Friends Forever) que su padre se ha quedado sin trabajo y que su hermano mayor ‘ha suspendido todas’ y ‘esta casa es un infierno’. Y la madre de una de las amigas, que revisa semanalmente el móvil de su hija, lo lee y llama a la madre de la primera, que no quería que nadie supiera de la situación familiar.
  • Chico de 13 años que hace una apuesta con amigos y todos terminan subiendo a Snapchat un video enseñando la parte del cuerpo con la que se sientan. Entre sus seguidores hay una compañera de dos cursos superiores que empieza a reírse de ellos en el patio y termina por contarlo a toda Secundaria.
  • Chica de 15 años que sale el viernes con amigas y publica un Stories habiendo bebido un poco de más, contando que cuando vuelva a casa se va a armar gorda porque sus padres habrán recibido las notas y verán que ha cateado Mates.

Conversaciones pendientes

Todos necesitamos equivocarnos para aprender y a veces un error nos regala el mayor de los aprendizajes. Pero si queremos que las nuevas generaciones aprendan a ser responsables en la Red y a diferenciar entre poder contarlo y tener que contarlo, hay que hablar con ellos sobre intimidad, desde que son pequeños. No como alarma o advertencia, sino como parte de su proceso de maduración, para hacerles menos vulnerables y que actúen con más seguridad en el entorno digital que les rodea.

Más que hablar de oversharing, hablar de auto-control. Más que hablar de sexting, o de selfies sugerentes, hablar de la importancia del respeto a su cuerpo. Más que hablar de ‘no invadas la vida privada de los demás’, hablar de ‘proteger la vida privada de la gente a la que quieres’.

Y hablar sobre vivir el momento, que no necesariamente implica contarlo todo en tus redes sociales. Si estás feliz, puede que seas aún más feliz por contarlo y recibir muchos likes. Pero también serás feliz si lo compartes en una conversación cara a cara con amigos.

Saber qué compartir de su vida y qué no, a través de la tecnología, forma parte del proceso de aprendizaje de nuestros hijos. Por eso es fundamental educarles en cómo proteger su privacidad y en la conciencia de su intimidad, como elementos fundamentales que configurarán su identidad digital.

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