Cuando Facebook te canta “happy birthday!”

“¡No me felicitaste por mi cumple!”. “¿Pero cuándo fue?”. “El domingo pasado”. “Perdona, no tenía manera de enterarme: ese día estuve desconectado de Facebook”.

El diálogo es ficticio, pero totalmente verosímil porque, de hecho, la red social es depositaria de ese y otros datos de sus 2.000 millones de usuarios. Que 45 millones de ellos cada día escriban a otros para desearles “cumpleaños feliz”, y que muchos de esos buenos augurios se dirijan a personas con las que jamás se han cruzado palabra en un escenario real, da la impresión como si la empresa de Mark Zuckerberg se hubiera hecho del monopolio de este evento otrora tan personal, o al menos reservado originalmente para amigos de carne y hueso.

Quien no está en Facebook, o quien está pero ha configurado su fecha de nacimiento para consumo privado, puede prepararse para recibir bastantes menos de las decenas o cientos de felicitaciones que les llegan a quienes muestra ese dato a sus contactos. Algunos ya han experimentado, y la multitud de caritas sonrientes, tartas, pulgares en alto, etc. que antes les llegaban en esas fechas, han pasado a contarse con los dedos de las dos manos. Solo se mantienen felicitando los incondicionales, los más cercanos, que además de escribir algo en el muro del homenajeado, le hacen una visita o, al menos, una llamada telefónica.

Curiosamente, en una época en que Facebook está en la mira de todos por sus problemas con la privacidad, o por haber servido de plataforma de difusión de contenidos fake, la lista de cumpleaños de la red social funciona para algunos como la ultima ratio para no abandonarla. Si cierro mi cuenta, ¿cómo me enteraré de esos cientos de cumples, y cómo esos cientos de mis “face-amigos” se enterarán del mío?

Descansa, que Facebook se encarga

Con Facebook y los cumpleaños ha venido a suceder lo que con los móviles y los números telefónicos. La memoria del teléfono ha suplantado a la memoria cerebral –y a la libretita de papel de toda la vida– a la hora de almacenar esas combinaciones de cifras. No es necesario un mínimo esfuerzo para traerlas a la mente: un software nos hace el trabajo y nos las pone delante.

Respecto a las fechas de nacimiento sucede otro tanto, pero en dimensiones mucho mayores. Si el teléfono guarda los números de decenas de personas e instituciones conocidas, la red social coloca al alcance de un clic los cumpleaños de cientos y cientos de personas, sin que sea preciso que guardemos una mínima relación con ellas. Ello “descarga” al usuario de cualquier preocupación por acordarse con cierta antelación de esa fecha importante para el otro: cuando se acerque el día, ya Facebook se lo dirá, y justo el día, le dará incluso la posibilidad de manifestarle públicamente, como en una plaza, sus sentimientos.

Todo “por una buena causa”

¿Importa en algo que esta red tenga el dato de cuándo nuestras madres nos trajeron al mundo? Sí: son datos, el oro de este siglo. A Facebook, particularmente, sí que le importa, y tanto que en 2016 puso a disposición de los usuarios la posibilidad de, con motivo de sus cumpleaños, solicitaran a sus contactos dinero para iniciativas sociales ( fundraising), relacionadas, entre otros temas, con la investigación contra el cáncer, el acceso a servicios de salud por parte de determinados colectivos preteridos, o el medio ambiente.

Una de esas colectas cumpleañeras, por ejemplo, iba dirigida a comprar pescado para alimentar a los leones marinos de un centro de conservación animal de California. Al homenajeado en cuestión le llegó una invitación de la red social para colaborar con alguna causa –se puede elegir entre 750.000 organizaciones beneficiarias–, y pidió a sus 1.400 “amigos” que cooperaran: “Sé que soy especial para ti, pero me gustaría que [colaboraras con] solo el precio de un café en Starbucks. Cinco dólares, por favor”. Con lo recogido (2.300 dólares), el centro pudo comprar una tonelada de pescado: “Alimentarás a los animales durante varios días”, escribió después a sus contactos, agradecido.

Con este mecanismo, además, hasta noviembre de 2017 Facebook se quedaba el 5% del total de los donativos, pero algunas peticiones, entre ellas las de asociaciones médicas necesitadas de recursos, incidieron en que desde entonces el 100% vaya al beneficiario seleccionado, en caso de que sea una organización de beneficencia; si es un particular, se le sigue aplicando la tasa.

Un experto en el tema del fundraising, Jeremy Hatch, explica en su blog, sin embargo, algunos inconvenientes de la veta recaudatoria de la red social, como que esta parece permitir que se incluya a cualquier tipo de iniciativa en la lista de potenciales beneficiarios, y que elimina la tradicional comunicación directa entre estos y los donantes. La empresa conoce, así, las preferencias del donante, y puede vender esos datos al mejor postor: la organizaciones sin fines de lucro que paguen por ellos pueden ver sus contenidos promocionados por la red social, y las que no paguen, se quedan sin saber y en desventaja competitiva.

Primero la fecha; luego, el resto de los datos

Si la compañía tecnológica ha sabido sacar tajada a los cumples, los piratas informáticos también, si otros usuarios los aceptan como “amigos”. “Los estafadores necesitan solo tres detalles para robarte la identidad, y estos pueden encontrarse en Facebook”, titulaba tiempo atrás en el Telegraph Amelia Murray, periodista de finanzas.

Según una de sus fuentes, el jefe de la unidad de fraudes de la firma Equifax, John Marsden,, “la fecha de nacimiento es una parte crucial de la identificación, toda vez que es el único detalle que nunca cambia, y una vez que lo cuelgas online, ya está ahí afuera”.

Con el nombre completo y la fecha de nacimiento en la mano, los delincuentes pueden ir a por la dirección física, a través de sitios online específicos que almacenan esa información y a los que puede accederse, bien libremente, bien tras suscribirse por un pequeño monto. Reunidos estos tres datos, los malhechores pueden ordenar a través de Internet –en la dark web– la confección de documentos de identidad falsos, pero de alta calidad, con los que cometer fechorías.

“La gente necesita ser consciente de las credenciales que muestra en las redes sociales –dice Marsden–. Los consumidores no parecen darse cuenta de cómo la fecha de su cumpleaños puede ser la clave para dar con su identidad”.

Para no perderse los cumples

Entre que es un peligro potencial por un lado, y que sirve de canal para beneficios ajenos por otro, la convicción de estar exponiendo gratuitamente los datos personales ha llevado a muchos a salirse de la red social. Según datos de la empresa, citados por el Business Insider, entre el primer y el tercer trimestre de 2018 el número mensual de usuarios en Europa cayó de 377 millones a 375 millones, mientras que en EE.UU. y Canadá el crecimiento se ralentizó: de 241 millones a 242 millones de internautas.

Con seguridad, muchos de los que han cerrado la cuenta lo han hecho con la preocupación de que se perderán los cumples de una multitud de gente simpática. Por eso algunos, antes de irse, se han armado de paciencia y han anotado, libreta en mano, los cumpleaños de sus contactos. El Wall Street Journal narra el caso de una veinteañera británica que, antes de desinstalar la app de su móvil, copió a mano durante dos horas los cumples de entre 50 y 70 conocidos. “Creó un Facebook real”, señala el diario, y agrega que ahora, a inicios de cada mes, la chica revisa la lista y envía postales a sus antiguos “amigos” virtuales.

Hay, sin embargo, opciones menos agotadoras para hacerse con la lista. El periódico refiere que se puede exportar hacia los calendarios de Apple y Google, una opción disponible en la web de Facebook, desde ordenadores con Windows: en la pestaña Eventos, abajo a la derecha, aparece el enunciado “Puedes añadir tus eventos a Microsoft Outlook, Google Calendar o Apple Calendar”. Con clicar en Cumpleaños, el calendario de estos se descarga automáticamente en el ordenador.

Debe de ser este el tipo de revelaciones que Zuckerberg no suele agradecer.

 

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