De la India a París en un armario de Ikea

 

 

 

Viaje alucinante

Bombay. Desde pequeño Aja ha sido un joven revoltoso. Hijo de una madre soltera, trabajadora y buena, Aja empieza siendo un ladronzuelo y acabará años después convirtiéndose en un mago callejero, un faquir que aprovecha su dotes de prestidigitador para birlar las pertenencias de los turistas. Pero las mafias querrán su trozo de la tarta y, a la muerte de su madre, Aja decidirá marcharse a París para esparcir allí sus cenizas.

Gratificante adaptación del best seller “El increíble viaje del faquir que se quedó atrapado en un armario de IKEA”, debut literario del franco español Romain Puértolas, con producción europea e india y dirigida por Ken Scott, conocido por las correctas Starbuck y ¡Menudo fenómeno! Sigue el director canadiense optando por la comedia y esta vez atina con una historia muy entretenida, surrealista y romántica, que tiene numerosos puntos en común con Slumdog Millionaire –la comisaría, la narración, el origen del protagonista, las diversas peripecias–, aunque aquí se apunte más directamente hacia el humor y el resultado general sea eminentemente más ligero.

La insólita aventura de Aja –es decir, Ajatashatru Lavash Patel– no da un momento de respiro, incluyendo localizaciones muy diversas, desde Bombay hasta París, pasando por Londres, Roma, Barcelona y Libia. En cada una de esas etapas Aja vivirá situaciones de lo más variopintas: se enamorará, viajará dentro de un armario, será robado por unos piratas africanos, se hará aliado amoroso de una actriz, escapará en globo, etc. El guión –escrito por el propio Puértolas en colaboración con Luc Bossi, también productor– es saltarín y variado, narrado con ritmo adecuado, con escenas muy logradas –el modo de conocer a la chica del Ikea, el espectacular baile en Roma– o ideas especialmente inspiradas, como la del contador de historias de la cárcel o la despiporrante obsesión del chavalín por los muebles de IKEA. De fondo, De la India a París en un armario de Ikea homenajea a la maternidad y habla de solidaridad, especialmente en su mirada a los inmigrantes, personas desesperadas que han tenido que huir de sus lugares de origen y para quienes no existe muchas veces una solución estable en los países de occidente. Se opta en este sentido por una visión optimista (irreal dirán algunos), con ocurrencias muy caprianas, como la del reparto libio.

Hay que reconocer la valía para el papel protagonista de Dhanush, un célebre actor indio, totalmente desconocido para el gran público fuera de su país. Es un acierto, pues da con el tono de tipo inocentón, de gran corazón, a quien el karma emplea como juguete del destino. Y además baila que da gusto. Le secundan muy bien las actrices Bérénice Bejo (The Artist) y la dulce Erin Moriarty (¡A ganar!). También funciona a la perfección la música de Nicolas Errerà, melódica y diversa.

 

 

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