El Gordo y el Flaco

Stan & Ollie

 

 

 

El último hurra

1937. En la cima de su popularidad, Laurel y Hardy están peor pagados que otros cómicos. El primero amenaza con dejar la productora de Hal Roach, seguro de que su compañero seguirá sus pasos, pero éste no lo hace. Dieciséis años más tarde, ambos están en decadencia y sufren problemas financieros, así que aceptan una gira por Reino Unido, que les servirá para apoyar su nuevo proyecto de película, una parodia de Robin Hood.

Cinco años después de la prometedora pero no del todo redonda Filth, el escocés Jon S. Baird firma un retrato crepuscular de una de las grandes parejas cómicas del cine, a partir del libro “Laurel and Hardy: The British Tours”, adaptado para la pantalla por Jeff Pope, guionista de Philomena, que contaba también con Steve Coogan como protagonista. Describe sobre todo el lado trágico de la pareja, oculto tras sus hilarantes trabajos, Laurel no le ha perdonado a su socio lo que considera una traición que les ha perjudicado gravemente, mientras que Hardy tiene problemas con el juego, y con su salud, pero ambos están unidos por una enorme amistad, que por mucho que se ponga a prueba parece subsistir siempre. También se trata la fugacidad de la fama, en el caso concreto de estos intérpretes, conocidos en España como El Gordo y el Flaco, debió resultar duro –como se comprueba en un momento clave del film– que el público les sustituyera por Abbot y Costello, que aparentemente trataban de imitar su estilo de humor, pero con mucho menos talento.

El director logra un film conmovedor, al tiempo que se luce con algunos segmentos destacados, como el travelling inicial en un estudio de cine, que recuerda a El juego de Hollywood, o cuando repite alguna secuencia con pequeñas diferencias y logra dar a entender que los protagonistas se han pasado de moda o que lo que resulta hilarante en pantalla, puede resultar dramático en la vida real. Con ayuda de los diseñadores de prótesis y un excelente maquillaje, el citado Coogan –en su mejor trabajo– y el camaleónico John C. Reilly –en un nuevo acierto– se mimetizan, parecen realmente los biografiados, y son capaces de dar humanidad a dos personajes que para la mayor parte del público son iconos. Pese a su buen hacer, consiguen robarles puntualmente la función Nina Arianda y Shirley Henderson, que encarnan respectivamente a la enérgica y descarada Ida, esposa de Laurel, y a la minúscula mujer de voz chirriante Lucille, señora de Hardy. Lo describe muy bien uno de los personajes del film, en una escena en la que al verlas sentencia: “tenemos dos parejas cómicas por el precio de una”.

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