El mejor verano de mi vida

 

 

 

Risas bajo la canícula

Curro se supone que tiene una estupenda preparación para ser asesor financiero. Pero la vida es compleja, y le toca ser comercial vendiendo robots de cocina. El tipo fantasea pensando que va a colocar muchos aparatos, pero casi todos los coloca en el entorno familiar. Ahora el jefe ha puesto en marcha un programa de incentivos, quien venda mucho avanzará, pero otros pueden verse de patitas en la calle. En tal tesitura, su esposa empieza a estar un poco harta y ronda la sombra de la separación. Por otra parte se acerca el verano, y el imaginativo Curro promete a su hijo Nico de nueve años que si saca todo sobresalientes le pagará el verano de su vida. Contra pronóstico, el chico logra excelentes notas, y el padre se irá sólo con Nico para vivir ese verano inolvidable. Pero como no hay dinero para costearlo, tendrá que convencerle de que no hay vacaciones mejores que las que uno puede pasar en su pueblo.

Tras entregar la irregular comedia El pregón, Dani de la Orden repite en este terreno de nuevo con telón de fondo rural, pero con más tino y teniendo a sus órdenes a uno de los mejores cómicos españoles del momento, Leo Harlem. El actor demuestra tener la gracia por arrobas, y con sus largas parrafadas trufadas de chistes y fantasmadas, sostiene una simpática trama familiar vertebrada por el estrechamiento de los lazos entre padre e hijo, en que trata de convencer al peque de que nada hay mejor que “el sol a cántaros” del pueblo, y los amigos que supuestamente puede hacer ahí.

Además el film sabe derramar buenos sentimientos cuando en el periplo veraniego se topan con una madre con una niña, que se niega a hablar, y se aprovechan los momentos en que toca socializar con la “jet”, con un gurú y con un inversor, para hacer bromas en torno a la banalidad de cuidar las apariencias a toda costa, y en cifrar todo en tener dinero y posición.

Comentarios

Dejanos tu comentario...