“Fake Instagram”: la doble cara de los adolescentes

septiembre 14, 2018 por  
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La mayor parte de los jóvenes tiene abierta más de una cuenta en Instagram. Los motivos son variados, principalmente por ocio y por estar en contacto con grupos cercanos de amigos con los que compartir aspectos personales que no se muestran a todo el universo digital. Pero el finsta (fake Instagram) plantea algunas cuestiones sobre la privacidad, la imagen que se construye en redes sociales y las prácticas que facilitan el acoso, entre otras.

¿Cuántas cuentas de Instagram tiene un joven? La mayoría de los adolescentes, al menos dos. Su cuenta “oficial” y el llamado finsta. Este fenómeno de crearse perfiles alternativos se popularizó en 2015 y abarca tanto a preadolescentes como a universitarios y a jóvenes profesionales. En Estados Unidos, donde comenzaron a proliferar los finsta, el 71% de los jóvenes de 18 a 24 años está en Instagram, y el 81% de ellos lo usa diariamente (más de la mitad, varias veces al día), según un estudio del Pew Research Center publicado este año. El porcentaje es similar en los adolescentes (72%). Además, el 45% de los menores de 18 años dice estar casi constantemente conectado a Internet (el 44%, varias veces al día).

Muchos jóvenes utilizan la segunda cuenta como una manera de estar en contacto con amigos o familiares, por lo que mientras en el rinsta (real Instagram) tienen miles de seguidores, el finsta no suma más de unas decenas. La idea de esta segunda cuenta es crear un espacio online con los más cercanos, donde poder subir fotos sin filtros, más espontáneas, mostrando el lado más “payaso”, las fotos más vergonzosas que no compartirías con un público amplio, contar en stories cómo te ha ido el día… El objetivo también es huir de la mirada curiosa de los adultos: tanto de los padres como de profesores o futuros empleadores. Aunque los jóvenes mantengan sus cuentas rinsta privadas, eso no quiere decir que no tengan además otros perfiles, con apodos inventados, donde admiten solo a unos pocos.

Una segunda cuenta destinada al perfil de la mascota, la promoción de su pequeño negocio de productos hechos a mano, la difusión de contenidos del blog personal o profesional, o un perfil centrado en un hobby, son usos frecuentes entre los jóvenes universitarios o trabajadores.

¿Bipolaridad social o complementariedad?

¿Es más real finsta que rinsta? La “f” de finsta hace referencia a fake, falso, y la paradoja reside en que supuestamente es en finsta donde la gente se muestra más espontánea y natural, donde se pueden subir imágenes sin maquillar, compartir vídeos de momentos embarazosos o contar la última metedura de pata.

Pero ¿la despreocupación por salir guapos en la foto, por los filtros o el encuadre es sinónimo de naturalidad? No todo el mundo comparte esta visión. Hay quien piensa que da igual cuántas cuentas de Instagram tengas: en cada una vas a proyectar una parte de ti, que tal vez represente una de tus facetas pero no muestra toda tu persona —y eso no implica necesariamente que sean cuentas falsas o engañosas—. Los adolescentes de este vídeo, por ejemplo, no creen que “el fin de las redes sociales sea que la gente vea cómo eres. Nadie se abre una cuenta de Instagram pensando: ‘Voy a contarle al mundo quién soy’. Si eso es lo que quieres hacer, escribes unas memorias”. Además, piensan que “no es posible ser 100% auténtico en las redes sociales”.

No es oro todo lo que acumula likes

Pero finsta tiene una parte oscura: aquellos usuarios que crean cuentas simplemente para cotillear a otros, o peor aún, quienes lo utilizan para acosar a compañeros, ridiculizarles, publicar pantallazos con conversaciones privadas de WhatsApp… Casi la mitad de los usuarios de Instagram han sido ofendidos en esta red social, según una encuesta a más de 10.000 personas de 12 a 20 años, realizada por Ditch the Label (“deshazte de la etiqueta”), una organización antibullying.

Laura Tierney, fundadora de The Social Institute —que aconseja a adolescentes, padres y escuelas en temas de redes sociales—, señala en Today que los finsta suelen ser privados, y eso proporciona al joven una sensación de seguridad que no es tal, porque la configuración de privacidad no te protege de que alguno de los seguidores que has admitido en tu cuenta realice pantallazos que luego comparta en otras redes. Según una encuesta hecha por The Social Institute, el 80% de los adolescentes confesaron que habían hecho pantallazos de Snapchat y los habían enviado a otros amigos. Una práctica aplicable a otras redes sociales.

Según un informe realizado por la Royal Society of Public Health y la Universidad de Cambridge, Instagram es la red social con el impacto más negativo en la salud mental de los jóvenes. El estudio subraya, además, un tema importante: cómo se ven afectadas las jóvenes que usan esta plataforma, en la que hay más usuarias que usuarios, donde la imagen es lo primordial, y teniendo en cuenta que “9 de cada 10 chicas adolescentes dicen estar descontentas con sus cuerpos”. En esta línea, finsta puede ser el lugar donde las jóvenes encuentran la aprobación que buscan en su círculo más cercano de amigas, sin la presión social y el miedo a ser juzgadas por el amplio público presente en las redes.

Del retoque del “selfie” a la cirugía estética

Ahondando en el tema de la imagen corporal, el informe recoge el siguiente dato: “El 70% de los jóvenes de 18 a 24 años no descartan hacerse la cirugía estética”. De hecho, algunos cirujanos plásticos han resaltado una tendencia que consideran peligrosa: antes, quien quería hacerse una operación estética solía llevar fotos de famosos para explicar que quería los labios así y la nariz del otro modo. Ahora, cada vez más, acuden con fotos de sí mismos retocadas con filtros de Snapchat o Instagram que les hacen tener los ojos más grandes o la nariz más fina.

Según un artículo en JAMA Facial Plastic Surgery, en 2015 el 42% de cirujanos plásticos norteamericanos dijeron haber tenido pacientes con tales peticiones, en 2017 el porcentaje subió al 55%. Llaman a esto “Snapchat dysmorphia” y, como afirman los autores del estudio, “es una tendencia alarmante porque esos selfies modificados con filtros suelen presentar un look irrealizable y están difuminando la línea entre la realidad y la fantasía en estos pacientes”.

Para Laura Tierney, no hay ningún peligro en tener una cuenta finsta, siempre que los usuarios sean conscientes y reflexivos sobre lo que comparten. Tierney defiende que el finsta de los jóvenes actuales es la versión tecnológica de las notas que los escolares de hace unos años —o décadas— se escribían entre ellos y guardaban en una caja debajo de la cama para que nadie las encontrara. Esta asesora en redes sociales suele aconsejar a los adolescentes sobre la importancia de rodearse de buenas personas, tanto en la vida online como offline, y les anima a “tener el control de tu propia reputación antes que permitir que otros la controlen por ti”, así como a “compartir cosas que reflejen tu yo real”.

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