Joker

Ficha:
• 118 min. | Cómic | Acción | Thriller | Drama
• Público apropiado: Jóvenes-adultos
• Año: 2019
• País: EE.UU.
• Dirección: Todd Phillips
• Intérpretes: Joaquin Phoenix, Robert De Niro, Shea Whigham, Zazie Beetz, Frances Conroy, Bryan Callen, Marc Maron, Douglas Hodge, Bill Camp, Glenn Fleshler, Josh Pais, Brett Cullen, Dante Pereira-Olson

  • Crítica decine21.com por José María Aresté

 

No olvides sonreír

Original película centrada en Joker, el personaje archivillano de Batman que ha dado lugar a celebradas composiciones de Jack Nicholson para Tim Burton, y Heath Ledger para Christopher Nolan. Se sitúa en una ochentera e inhóspita ciudad de Gotham, degradada por la huelga de basuras y los graffiti, y en que cada uno va a lo suyo. Arthur Fleck cuida amorosamente a su inválida madre Penny, que trabajó antaño para el archimillonario Thomas Wayne, que tiene planes para presentarse a la alcaldía de la ciudad, y que no atiende a las misivas que ella le envía pidiendo ayuda, lo que produce el resentimiento del hijo, aunque ella le disculpa. Con un trastorno que le hace reír a destiempo y compulsivamente, Arthur acude a sesiones de psicoterapia, mientras trata de hacer realidad su sueño de dedicarse a la comedia. Le encantaría contar con el apoyo del cómico Murray Franklin, su ídolo, que tiene un popular programa televisivo, pero de momento ha de contentarse ejerciendo de payaso en hospitales infantiles o como reclamo callejero para invitar a entrar en una tienda. Solitario y enfermo, logrará conectar con una vecina, madre soltera, lo que podría ser un primer paso de reconciliación con la humanidad.

Los coguionistas Todd Phillips y Scott Silver, el primero también director que se aleja del tono de su conocida Resacón en Las Vegas, no parten de un cómic concreto de DC a cuya adaptación más o menos libre se habrían aplicado, sino que han imaginado por completo los orígenes del personaje, logrando un resultado brillante. En vez de poner el foco en la faceta “traviesa” del personaje, o en su irracionalidad, como hacían las otras versiones mencionadas, aquí la mirada es de angustioso drama existencial, tratan de dar razón de la sinrazón en que cae el protagonista, cómo se convierte en psicópata influido por un entorno familiar, laboral y social hostil, trayectoria en que hay espacio para la sorpresa. El cuadro de Joker es complejo, y Joaquin Phoenix tiene el mérito de dar coherencia a los diversos elementos que han contribuido a configurar una personalidad hecha añicos, su interpretación es sensacional. Podría pensarse como referente en el célebre Travis de Robert De Niro –actor también presente en este film– en Taxi Driver de Martin Scorsese, ambientado más o menos en esa época, aunque los motivos de su deterioro elemental sean diversos. También Scorsese es una referencia para el papel de De Niro, comparable al de su antagonista en El rey de la comedia.

El film usa con inteligencia la figura patética del payaso triste que tiene sin embargo que hacer reír y mostrarse alegre, una idea que aleteaba en Balada triste de trompeta de Álex de la Iglesia, pero a la que Phillips sabe sacar mucho mejor partido. Y con mirada decididamente pesimista muestra una sociedad insolidaria y quebrada en sus ilusiones, con una enorme brecha social entre ricos y pobres, y donde unos y otros tienen comportamientos deshumanizados –véanse los tres ejecutivos en el metro, escena que hace pensar en el personaje real de Bernhard Goetz, el justiciero de Nueva York en 1985, pero también los gamberros que estorban a Arthur en su trabajo–, lo que provoca el desquiciamiento personal –la deriva cuesta abajo del protagonista– y colectivo –las masas despersonalizadas que celebran las humillaciones de un programa televisivo, y que encuentran en la careta de un payaso el modo de dar rienda suelta a su ira y frustración–. En la mirada nihilista a la sociedad desnortada, que se deja guiar por consignas antisistema y actitudes de «yo contra el mundo», el film hace pensar en títulos como V de vendetta y El club de la lucha.

Sorprende el vigor de la narración, que avanza todo el rato como un tiro, con múltiples elementos que contribuyen a la solidez del armazón. Pueden ponerse algunas pegas, algunos alargados momentos narcisistas del protagonista –aunque Phoenix maneja maravillosamente sus carreras y pasos de baile, como si fueran una endiablada coreografía–, la relación con la vecina que queda algo suelta, y sobre todo el paroxismo de violencia de una escena concreta, que podría haber sido mucho más contenida, con idénticos resultados. Pero logra avanzar “in crescendo” con la idea de olla a presión que inevitablemente tiene que estallar, a la vez que se enlaza perfectamente con lo que conocemos de Batman.

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