Mujeres y tecnología: ¿quién no quiere a quién?

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Por CARMEN CAMEY

ACEPRENSA

 

En Estados Unidos, las mujeres solamente representan un 20% de los graduados en áreas de ingeniería e informática. ¿Cómo se explica esto, si las universidades tienen mayoría femenina desde la década de 1970?

Diferencias, preferencias y educación

A principios de agosto, un ingeniero de Google llamado James Damore difundió un documento en un foro interno de la empresa, donde sostenía que hombres y mujeres tienen diferencias psicológicas derivadas de sus diferencias biológicas. Esto hace que los intereses y capacidades de las mujeres para trabajar en una empresa tecnológica como Google, sean distintas a las de los hombres. Google despidió a Damore algunos días después de que el documento saliera a la luz pública.

Según Damore, en general las mujeres son menos abstractas que los hombres, prestan más atención a los sentimientos y la estética que a las ideas, les interesan más las personas que las cosas, son más cooperativas que competitivas. Todos estos rasgos hacen que las mujeres se inclinen menos por trabajar en compañías como Google y busquen otras profesiones más sociales.

Afirmar que, al menos hoy por hoy, los intereses de las mujeres están menos ligados a la tecnología que a otros campos no parece discutible: en Estados Unidos, el año pasado más del doble de mujeres obtuvieron un diploma en Psicología que en los campos de ciencia computacional, ingenierías y ciencias físicas combinados.

Ahora bien, la brecha entre hombres y mujeres en los campos de las llamadas STEM (Science, Technology, Engineering, Mathematics) no se explica solo por este hecho. Existen también algunos estereotipos culturales, como el de la inferior aptitud femenina para las matemáticas, que merman la confianza de las mujeres en sus propias capacidades y puede disuadirles de estudiar carreras relacionadas con esa disciplina. El año pasado, las mujeres fueron solo el 18,6% de los nuevos graduados en informática en Estados Unidos; pero eso no se explica por una menor capacidad natural, pues a principios de la década de 1980, la proporción era el doble.

Para cerrar la brecha

Para cerrar la brecha entre hombres y mujeres en las STEM, las empresas de ciencia y tecnología deberán adaptarse mejor a las habilidades e intereses femeninos, así como a sus necesidades en el ambiente laboral. En la enseñanza será especialmente valioso comprender las diferencias de aprendizaje entre hombres y mujeres, para así poder proporcionar una formación que atienda a las peculiaridades de ellas.

Finalmente, hay que dar a las mujeres la confianza de la que a veces carecen para adentrarse en áreas que se han considerado típicamente masculinas. Es lo que están haciendo universidades norteamericanas que han emprendido campañas para atraer mujeres a las carreras técnicas. La de Columbia organizan visitas y cursos introductorios para alumnas de último año de secundaria. Carnegie Mellon ha retocado los planes de estudios para subraya el impacto de las disciplinas científico-técnicas en la vida real, y permite obtener parte de los créditos con materias humanísticas. Según datos citados por The Wall Street Journal, este año Columbia ha logrado aumentar al 49% la proporción de mujeres en primer curso de ingeniería, y en Carnegie Mellon, las graduadas de STEM han pasado del 32% al 43% en cuatro años.

Por tanto, la inclusión de las mujeres en las STEM no debe ir enfocada a ignorar las diferencias entre hombres y mujeres en general, sino más bien a celebrar las que aumentan la diversidad en los campus y a erradicar las que son discriminatorias. A la vez, puede ser decisivo fomentar un cambio de actitud por parte de las empresas en temas como la preocupación por los temas éticos y sociales, o la mayor facilidad para equilibrar profesión y familia.

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