Nomofobia en adolescentes, la última adicción del siglo XXI

septiembre 6, 2019 por  
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Nomofobia en adolescentes, la última adicción del siglo XXI

 

Está empezando a ser bastante común la imagen de adolescentes con las cabezas agachadas mirando la pantalla del móvil. No importa si están en una reunión de amigos, en una comida familiar o en los pasillos del instituto entre clase y clase. Las nuevas tecnologías nos facilitan mucho la vida, nos permiten contactar fácilmente con otras personas, pero también generan adicción. El término utilizado en estos casos es “nomofobia”.

¿Qué es la nomofobia?

Es un término bastante novedoso utilizado para identificar el miedo irracional que produce quedarse sin poder utilizar un dispositivo móvil, ya sea por no tenerlo físicamente presente o por tenerlo fuera de cobertura o sin batería. Es considerada una de las enfermedades de la nueva era y afecta sobre todo a adolescentes y preadolescentes, debido al hecho de que han nacido siendo “nativos digitales”.

La imposibilidad de utilizar el smartphone y de poder comunicarse con él les produce una sensación de ansiedad que les hace desear de manera muy intensa el volver a estar conectado. El cerebro de la persona con nomofobia actuará de la misma forma que el de un adicto a las drogas o al alcohol, activando los mismos circuitos cerebrales y liberando la misma sustancia que provoca la necesidad de volver a consumir en los casos de adicción a sustancias.

Nomofobia

 

 

La nomofobia suele hacerse visible cuando ya es un problema. A veces para los padres resulta muy difícil identificar los síntomas puesto que el uso de los smartphones está cada vez más normalizado. A continuación mencionaremos algunos de los síntomas característicos de este problema, con el fin de ayudar a reconocerlo de forma temprana.

  • Revisar el móvil de manera compulsiva para saber si han recibido alguna notificación o mensaje.
  • Dormir con el dispositivo muy cerca, por ejemplo en el suelo, pegado a la cama, debajo de la almohada o dentro de la cama.
  • Llevar encima cargadores portátiles cuando salen a la calle, por si acaso se quedan sin batería. Suelen poner la excusa de que la batería de su móvil dura muy poco.
  • Se enfadan si se quedan sin su dispositivo o sin señal, por ejemplo, si falla el Wi-Fi de casa, si se le castiga limitando el uso del teléfono o si se le insiste en hacer una excursión en familia al campo o a la montaña donde ellos saben que no tendrán cobertura.

Esta dependencia del teléfono tiene consecuencias para el adolescente. Un estado permanente de ansiedad, estar todo el día pendiente de las notificaciones del teléfono o dedicar demasiadas horas a su uso, lo cual puede llegar a interferir significativamente en su desempeño académico y en la adaptación social y familiar.

Nomofobia

¿Cómo podemos evitar esta adicción?

Como padres tenemos la responsabilidad de actuar de manera preventiva para evitar que la adicción llegue a mayores niveles, algunas de las estrategias son las siguientes:

1. Actuar como modelo

Si nuestros hijos observan un uso indiscriminado del teléfono en sus figuras de referencia, habrán aprendido desde pequeños que es algo normal, por lo tanto, debemos intentar no utilizar mucho el móvil delante de ellos.

2. Limitar el tiempo de conexión y establecer una “dieta tecnológica” adaptada a su edad

La tecnología no debe usarse a cualquier edad y menos sin establecer tiempos de uso, debemos intentar abstenernos de la típica vocecita interna que nos dice “es que el pobre va a ser el único de su clase sin móvil” o “si todos sus amigos hablan por ahí y él no, igual lo excluyen”

3. Mejorar la autoestima

Según algunos estudios, las personas con baja autoestima tienen mayor riesgo de sufrir nomofobia, pues buscarían continuamente la aceptación y el contacto con los demás a través de las redes.

La clave no es prohibir el uso de los smartphones, sino hacerles entender la importancia de su correcta utilización, velando por una educación tanto en los aspectos positivos de las nuevas tecnologías como en los usos indebidos o patológicos.

Úrsula Perona
Psicóloga infantil
Colaboradora de Sapos y Princesas

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