Series: ETA. El final del silencio

Jon Sistiaga (Irún, 1967) sigue marcando el paso en el documental español. Desde que empezó su trayectoria en 2007 con tres mediometrajes para Cuatro televisión (Sargento, ¿a qué estamos disparando?Papi, cómprame un Kalashnikov Amarás al líder sobre todas las cosas), su actividad profesional ha sido constante y atrevida. En sus documentales han desfilado secuestros, narcotráfico o niños guerreros en Indonesia, Gaza, Honduras o México.

ETA, el final del silencio disecciona un cadáver que tardó medio siglo en morir matando. Lo hace de manera sutil y metafórica, jugando con los símiles y testimonios de víctimas y verdugos, cobardes y valientes. En ese proceso hay un acercamiento muy valioso porque el entrevistador pretende escuchar y entender, no adoctrinar, algo que requiere de la paciencia y el talento de  un malabarista.

En el primer capítulo de la serie (el más largo; 90 minutos frente a los 60 del resto de episodios), la esposa de una víctima de ETA invita a comer al asesino arrepentido de su marido. El enclave de la cita es muy apropiado: un caserío vasco con grandes ventanales a un paisaje espléndido, un almuerzo copioso y autóctono y una larga tertulia directa y sin concesiones, pero en un tono medido y respetuoso. Este episodio resume el valor de esta docuserie que llega al fondo de una herida para curarla y servir para las generaciones futuras.

A lo largo de la serie van desfilando voces muy complementarias de políticos, familiares de víctimas, periodistas, policías y miembros de ETA. Cada uno de ellos explica la complejidad de los movimientos de una serpiente que envenenó España durante décadas. Los finales de cada episodio logran cerrar con maestría cada historia y abrir boca para el siguiente capítulo como buena serie adictiva. El abundante uso de material documental y la acertada banda sonora hacen que la serie tenga tensión y favorezca la reflexión.

Firma: Claudio Sánchez   

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