Un pliegue en el tiempo

 

Buscando a papá

La adolescente Meg Murry es inteligente, como sus padres, científicos, pero en el instituto se burlan de ella, y no lleva bien la desaparición de su progenitor, ocurrida cuatro años atrás, cuando presentaba sus teorías de viajes a distancias de años-luz mediante pliegues en el espacio-tiempo, lo que producía reacciones de escepticismo general. Inesperadamente el hermanito de Meg, Charles Wallace, trae a casa a una excéntrica dama, la señora Qué, que les hará emprender un viaje alucinante con un tercer chaval, Calvin, donde conocen a otras dos extrañas mujeres, la señora Quién y la señora Cuál. Con la peculiar sabiduría de ellas y su propio talento, puede que Meg esté preparada para traer de vuelta a casa a su padre, perdido en algún pliegue espacio-temporal.

Adaptación de una novela de corte fantástico de Madeleine L’Engle, que se diría la versión preadolescente de Interstellar, al conceder en esta aventura científica al amor la fuerza primordial para resolver cualquier desafío. Pero las comparaciones son odiosas, porque el film dirigido por la afroamericana Ava DuVernay está muy lejos de sus logros con el drama histórico sobre Martin Luther King Selma, o del documental Enmienda XIII. Aquejada de una llamativa arritmia, no se ahonda lo suficiente en los conflictos de la adolescente protagonista, y los personajes de las tres señoras son de auténtico cartón piedra, sin carisma alguno; el recurso a los conocimientos de Meg, o las tentaciones, carecen de la necesaria fuerza y dan pie a pasajes raquíticos, de escaso interés. Tampoco ayuda el adolescente convidado de piedra Calvin, e incluso el niño Charles Wallace, cuando asoma un lado oscuro de su personalidad, resulta harto arficioso. Conceptos tradicionales como luz y oscuridad para simbolizar la lucha del bien y del mal asoman sin gracia, sonando a filosofía barata.

La realidad es que Disney no acierta cuando se aleja de la zona de confort que suponen sus cintas animadas, adaptación de cuentos con actores de carne y hueso, dramas deportivos basados en hechos reales, películas de superhéroes y episodios de Star Wars. En las películas de fantasía que deben sostenerse por sí mismas como Fantasmas de Marte o El llanero solitario, se ha pegado batacazos, y sólo aguantó el tipo en Tomorrowland. El mundo del mañana. Se agradece que intente arriesgar, pero por desgracia Un pliegue en el tiempo no funciona, ni siquiera los efectos visuales tienen una línea definida: están mejor los minimalistas del final, al estilo 2001, que los tentáculos de Ello en un paisaje rocoso de tipo infernal, una forma un poco tonta de referirse al demonio, expresión que se entiende mejor, pero que quizá no encaja en la ya antigua “new age”, que algunos intentan presentar todavía como nueva.

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