La última bandera (2017)

Enterrar a los muertos

Notable drama sobre las heridas que arrastran los veteranos de guerra en la sociedad estadounidense. Larry «Doc» Shepherd visita a dos de los compañeros con los que sirvió durante la guerra de Vietnam. Sal Nealon es un tipo que vive al día, que regenta un bar, con la boca muy grande, dice todo lo que le pasa por la cabeza. Richard Mueller es pastor en una iglesia baptista, que ha sentado la cabeza tras una vida agitada. El motivo del reencuentro no puede ser más lúgubre: el viudo Doc va a enterrar a su único hijo, muerto en acto de servicio en Bagdad, Irak, poco antes de la captura de Sadam Husseim.

Realmente estamos ante una sugerente reflexión acerca del sentido de la vida, que invita a pensar que las cosas ocurren por algún motivo, y que siempre hay tiempo para el reconocimiento de las culpas, el perdón y hacer lo correcto. El modo en que discurre todo está muy bien planteado, porque poco a poco conocemos las circunstancias de lo ocurrido en Vietnam e Irak, de modo que la reunión después de tanto tiempo, aunque sea por un motivo bien triste, se presenta como oportunidad única para reparar errores y crecer como personas. Por otro lado, la mirada al lado oscuro de la guerra, incluidos los intereses bastardos de los que mueven los hilos, aunque decididamente crítica, está hábilmente contenida, se evita la tentación panfletaria.

El film muestra, en los dramas personales, un delicado equilibrio, pues existe espacio para la risa y para la lágrima, y el choque de personalidades –el bruto Sal, con su lenguaje procaz y sus modos nada delicados, frente al pastor que todo lo ve con mirada sobrenatural tras su encuentro con Jesús, tiene como puente al roto Doc, que debe encajar la muerte de su hijo– está manejado con rara perfección. Una gratísima sorpresa, con tres extraordinarios personajes principales, y un buen cuadro de secundarios, que lo hacen muy bien.