
Así impacta en los adolescentes esta situación, que no debemos minimizar: «Puede ser lo más grave que les ocurra en su vida»
JOSE CARLOS CASTILLO – https://www.elcorreo.com/vivir/tecnologia/desnudado-ia-20260504171612-ntrc.html
Las imágenes falsas de desnudos protagonizadas por menores son uno de los grandes problemas que ha provocado la IA. Desde 2023 hasta ahora, el fenómeno no ha parado de crecer. Y tampoco las denuncias de padres angustiados al ver a sus hijos en semejante contexto. Generar este tipo de contenidos es sencillo: basta adjuntar una foto y darle una instrucción (‘prompt’, en el lenguaje técnico) a la herramienta para obtener su versión modificada. ¿Qué lleva a hacerlo? Unas veces es la curiosidad, otras las ganas de divertirse, otras tiene que ver con la presión de grupo… El verdadero problema es cuando esas imágenes acaban difundiéndose en aplicaciones de mensajería instantánea.
De la vergüenza a la tristeza
En ese momento, cuando no solo la cuadrilla, sino el resto de compañeros de clase o de colegio recibe estas fotos, el afectado se hunde. «La principal emoción que sienten es la vergüenza, ya que, aunque sean conscientes de que es mentira, se ha asociado su cuerpo con algo que la sociedad tacha de íntimo, privado e, incluso, tabú: la sexualidad, la desnudez. Se siente vergüenza aunque sea falso porque es más importante la exposición social y el estigma creado que el concepto de verdad», detalla Roberto Sanz, psicólogo y sexólogo en la Fundación Sexpol y miembro del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid.
Tras este primer golpe, llegan los demás. «Surge la tristeza, una huida de ambientes sociales que puede perjudicar sus relaciones, y sentimientos de inadecuación, soledad e impotencia frente a diversas áreas de la vida», enumera. Es decir, esta «violación de la intimidad» acaba siendo una marca indeleble «en la personalidad» del menor, que puede «reducir su calidad de vida de formas muy variables y extensas». La broma acaba en pesadilla para él.
¿Y si no lo supe parar?
Otra emoción que experimentan las víctimas es la culpa. Por extraño que parezca, se sienten responsables de lo sucedido «por haber propiciado de alguna forma, real o imaginaria, la situación». Desde no haber puesto límite en algún momento a no haber hecho caso de ciertas advertencias del entorno, por ejemplo. La amalgama de sentimientos no acaba ahí, porque también experimentan miedo y ansiedad: «El menor desconoce cómo se desarrollará la historia, qué pensará la gente, qué repercusiones tendrá, cómo será el castigo social que seguramente le impongan…».
Una edad delicada
El agobio es mayúsculo también por la edad que tienen. En la adolescencia todo se vive con especial intensidad, indica Sanz, pero, especialmente, aquello que tiene que ver con la opinión de los demás. «Se valora mucho la imagen social y el sentimiento de pertenencia al grupo, lo que es crucial para la autoestima, la autoimagen y el valor propio, a su vez claves del desarrollo hacia la adultez».
Señales de alerta
Sin embargo, no siempre le cuentan a sus padres lo que ocurre. Por eso, el experto sugiere estar muy atentos a los comportamientos de los más jóvenes de la casa. Hay señales inequívocas de que atraviesan una situación complicada. «Cualquier cambio súbito en la personalidad o los hábitos puede indicar un problema no comunicado. En estos casos concretos, podrá observarse fácilmente el desánimo, el retraimiento social y el aislamiento tanto real como virtual: usan menos el móvil y las redes». Son las primeras señales de alerta, pero no las únicas: también intentan pasar desapercibidos y «hasta pueden cambiar la actitud hacia el propio cuerpo» volviéndose más tímidos, y transformando, incluso, su forma de vestir.
Pasar a la acción
Ante la crisis, no queda otra que ponerse manos a la obra. Y la primera opción no es ni la bronca ni restarle importancia. «Ante cualquier violación de los derechos del menor, lo primero es ofrecerle el respaldo y la protección necesarios», sugiere Sanz. Debe sentirse apoyado y consolado, lo que no incluye minimizar la situación pensando que así disminuirá su disgusto. «Esta violación puede ser lo más grave que le ocurra a una persona en toda su vida». Hay que ponerse en sus zapatos y «darle exactamente la importancia que el adolescente le dé».
Después, hay que pasar a la acción. Lo primero, interponiendo una denuncia para frenar los hechos. Luego, brindaremos el apoyo psicológico y controlaremos los daños causados por la difusión de las imágenes». Si es posible, «hay que eliminarlas de la red para evitar una mayor dispersión». Solo así, actuando, evitaremos posibles «prácticas autolesivas graves; casos de estrés postraumático, insomnio crónico y ansiedad generalizada; trastornos alimenticios e, incluso, problemas para relacionarse sexualmente en su vida adulta», concluye el especialista.
.
Y no te pierdas todas las novedades en https://www.ateleus.com
