
Iniciativas que ayudan pero que no bastan
En los últimos años hemos visto cómo varios organismos a nivel nacional e internacional están proponiendo una serie de iniciativas encaminadas a proteger a los menores en el ámbito online, tales como retirar las pantallas de los colegios, establecer un mínimo de edad para el acceso a las redes sociales, campañas de concienciación, pactos de familias para retrasar la entrega del primer smartphone y dispositivos alternativos aptos para niños, entre otras.
Dado que el problema es sistémico, la solución definitiva dependerá de la implementación, no de una, sino de varias medidas que actúen de manera conjunta. Sin embargo, hay otra medida, muy valiosa también según la evidencia científica, y que no recibe suficiente atención en el debate actual: la mediación parental en general, y dar buen ejemplo del uso del móvil y otros dispositivos, en concreto.

¿Qué es la mediación parental?
Es el conjunto de acciones que se ponen en práctica en el hogar para que, cuando los hijos se tengan que enfrentar al mundo online, estén preparados. Principalmente, consiste en establecer límites y normas en cuanto al uso de las pantallas. Pero también se incluyen aspectos esenciales como crear un ambiente de confianza, acompañar y mantener un diálogo continuo acerca de los riesgos y oportunidades de las nuevas tecnologías. Y, como adultos de referencia, dar ejemplo del buen empleo de los dispositivos.
¿Por qué dar un buen ejemplo con el móvil es fundamental?
Los niños aprenden de lo que ven. Nos observan siempre. Lo dice incluso la teoría del aprendizaje social, postulada por Albert Bandura en los años 70. Igual que concierne a cualquier serie de valores que queramos inculcar en nuestros hijos, se aplica también al uso de las pantallas. Si no queremos que ellos estén pegados al móvil, nosotros mismos no debemos estar pegados al nuestro. Es fundamental que los niños perciban que hay coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos.
¿Qué pasa cuando aparcamos el móvil y nos centramos en los hijos?
Principalmente pasan dos cosas buenas y cruciales. Por un lado, enviamos el mensaje a nuestros hijos de que las personas con las que estamos son más importantes que el móvil y damos ejemplo de buenos hábitos digitales que, con el tiempo, ellos podrán imitar. Y, por otra parte, propiciamos espacios para que surjan conversaciones y verdaderos momentos de conexión, y se cree ese ambiente de confianza necesario para educar. También es imprescindible para que nuestros hijos acudan a nosotros cuando tengan cualquier tipo de problema, ya sea en el mundo digital o analógico.
¿Qué pequeños gestos ayudan a dar ejemplo del buen uso del móvil?
1. Tomar conciencia
Además de analizar las estadísticas de la herramienta ‘tiempo de pantalla’, empezar a percatarnos de los momentos en los que cogemos el móvil a lo largo del día y las razones por las que lo hacemos. Y, después, preguntarnos si es realmente necesario utilizarlo en tales circunstancias o si hay algo más significativo que podríamos estar haciendo. Ese es el primer paso para poder dar buen ejemplo.
2. En casa, aparcar el móvil
Un hábito muy útil para evitar la tentación de consultar el smartphone por reflejo cada poco tiempo es destinar un sitio específico para dejarlo, como si de un teléfono fijo se tratara. Igual que cuando entramos a casa dejamos las llaves en el mismo sitio siempre, sería bueno dejar el móvil (y el reloj inteligente) igualmente en un mismo lugar. Si lo tenemos configurado de tal manera que las llamadas sí suenen, pero las notificaciones no, reduciremos al máximo las distracciones no urgentes y podremos dedicar nuestra atención plena a nuestra familia o a la tarea que estemos realizando.

3. Fuera de casa, no sacar el teléfono delante de los demás
Aunque esté normalizado y parezca inofensivo, revisar el móvil en presencia de nuestros seres queridos provoca un desvío de la atención hacia la persona que tenemos delante. Transmite que es más importante lo que hay en la pantalla que la propia persona, y este comportamiento sostenido en el tiempo provoca un deterioro del vínculo. Si bien es cierto que, si lo que hay en el dispositivo es algo realmente importante, podemos disculparnos y atender la llamada o notificación, resulta esencial distinguir bien entre lo urgente y aquello que puede esperar.
Dejar el móvil y dedicar atención plena a nuestros hijos es un comportamiento eficaz y determinante. No solo contribuye a inculcar hábitos digitales saludables, sino que ayuda a crear espacios en los que pueda fluir la conversación de manera espontánea y así fortalecer los vínculos.
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