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Los cinco primeros años de vida representan una ventana crítica en la arquitectura del cerebro, el crecimiento socioemocional y la formación de hábitos para toda la vida.

La exposición excesiva a pantallas a edades tempranas se asocia con un desarrollo más pobre del lenguaje, la competencia social, la coordinación motora, así como con una regulación más débil de la atención y con patrones de sueño alterados. En definitiva, los efectos sobre el desarrollo son reales y significativos.

Por otro lado, el informe del Banco Mundial pone de relieve que los problemas relacionados con el tiempo frente a la pantalla van más allá de la exposición directa de los niños, e incluyen cómo las usan los adultos.

Los cuidadores que dividen su atención entre las pantallas y los niños dificultan el vínculo en una etapa crucial. Es patente cómo los que están altamente absortos, mostraron menor capacidad de respuesta verbal, disminución del contacto visual y, en ocasiones, respondieron de manera brusca a los intentos de los niños por captar su atención.

Una de las conclusiones del estudio es que existe una brecha clara entre intención-acción. Es decir, muestra que los padres saben que tienen que cambiar (tienen información sobre los efectos negativos de las pantallas), pero no cambian.

El motivo es que los hábitos sustentan aproximadamente el 40% de lo que la gente hace cada día. Se basan en un bucle de tres partes: señal, rutina y recompensa. Cambiar hábitos arraigados requiere alterar los eslabones del bucle.

Las acciones sencillas (como poner los aparatos en una cesta antes de cenar), o modificar el contexto (por ejemplo, retirar físicamente las pantallas de los dormitorios) hace que los padres cambien más fácilmente, que pidiéndoles solo que recurran a su fuerza de voluntad.

A continuación, se describen 5 pautas para un cambio sostenible, que señala el citado informe:

  1. Identificar qué desencadena el uso de pantallas. Y asociar una alternativa que ofrezca una recompensa comparable. Por ejemplo, ayuda lleva en el bolso un ‘kit de espera’, con colores, folios y pegatinas, para los momentos de espera en el médico.
  2. Vincular una señal situacional concreta a una acción decidida previamente. Por ejemplo, si son las 6 y empiezo a prepara la cena, entonces saco el puzle.
  3. Haz la elección fácil. Pon estanterías bajas donde haya libros y bloques de construcción al alcance de los niños. Los cambios en el contexto rompen las viejas asociaciones de la rutina, de forma más fiable que las exhortaciones de autocontrol.
  4. Pequeños hábitos basados en acciones minúsculas. Un libro ilustrado después del desayuno, una pausa de dos minutos para bailar cuando se apaga la televisión… Las primeras victorias generan confianza.
  5. Sistemas de apoyo entre familias. Los seres humanos calibran su comportamiento en función de sus iguales. Los sistemas de apoyo entre familias crean una suave presión para persistir en los objetivos que se han propuesto.

Estas pautas pueden ayudarte a que los buenos consejos pasen del papel a la vida familiar cotidiana, mientras aceptas la imperfección. Como el informe defiende, la adhesión perfecta a pautas idealizadas no es realista ni necesaria.

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