Rocky (1976)

El potro italiano

Los suburbios de Filadelfia ven pasar a diario a Rocky Balboa. Él es un boxeador vocacional que subsiste como puede. Sin embargo, su mediocre vida va a dar un vuelco. Inesperadamente, es elegido para enfrentarse en combate al campeón mundial de peso pesado. El afán de superación, el amor de su novia y la esperanza le llevarán en volandas hacia una gloria jamás imaginada.

Y es que Rocky reúne todos los elementos para atraparnos en sus redes. Hay acción, romanticismo y drama. Magnífica es la puesta en escena de John G. Avildsen, demostrando sensibilidad en desnudar las motivaciones de los entrañables personajes. También resulta espectacular cuando sobre el cuadrilatero rueda, con cuatro cámaras, un combate apasionante. Todo a flor de piel, apoyado por una banda sonora imprescindible en cada uno de los fotogramas. No falta la ajustada y vibrante exaltación del mito, ese momento de laurel en el que todos quisieramos ser el héroe para dar el golpe de gracia.

Sueño realizado

Sylvester Stallone vio un día por televisión cómo Muhammad Ali era derrotado por un desconocido. Entonces concibió Rocky . Escribió el guión en 86 horas y lo vendió a bajo precio a la United Artists, con la única condición de ser él quien interpretara al protagonista. El film produjo 56 millones de dólares y Stallone, como su personaje, saldría del anonimato convertido en una estrella.