
El encuentro ‘Rumbo Compartido: A acompañar también se aprende’, reúne a varias expertas en educación digital para presentar 10 claves que ayudan a los padres a guiar a los adolescentes en su vida online
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Un reciente estudio de UNICEF destacaba que casi un 9% de los chicos de entre 10 y 20 años dedican más de cinco horas diarias a las redes sociales entre semana, una cifra que se eleva hasta casi el 20% durante el fin de semana, situación que provoca que el 25% de los padres discutan cada semana por el uso excesivo de la tecnología que realizan sus hijos. Se trata de un asunto que cada vez preocupa más en diferentes ámbitos, no solo el familiar, también en el educativo, el social y el relacionado con la salud mental de estos jóvenes.
La cuestión, según explicó Diana Al Azem, educadora y fundadora de Adolescencia Positiva, durante la celebración de ‘Rumbo Compartido: A acompañar también se aprende’, organizado por Meta, no es evitar discusiones, «lo importante es saber acompañarles en un uso responsable de las pantallas y, sobre todo, tener muy claras las líneas rojas que no deben pasar. Debemos acompañarles sin olvidar que nosotros somos referentes y, por eso, tenemos que darles un buen ejemplo de la utilización que hacemos de la tecnología delante de ellos. Además, ningún niño nace siendo nativo, ni entiende, ni comprende, ni sabe gestionar ningún dispositivo móvil. Todos somos aprendices, y en ese proceso es fundamental estar muy presentes como padres y hacerles preguntas fuera del ámbito escolar, porque parece que solo nos preocupamos de sus notas y deberes, y conocerles, acercarnos a su mundo para no perder el vínculo porque, como ya ha señalado el neurocientífico David Bueno, la media de conversación con nuestros hijos se ha reducido a cinco horas a la semana«.
En la misma línea se manifestó Laura Cuesta, especialista en educación digital en el entorno familiar, al considerar que resulta fundamental la educación, la formación y el acompañamiento de los menores en el entorno digital, «porque aunque sabemos que los niños y adolescentes son sujetos de protección, también son sujetos de derechos. Por tanto, debemos encontrar ese equilibrio constante entre el deber que tenemos familias, docentes, administraciones, instituciones, gobiernos, plataformas… para asegurar esa seguridad pero, por supuesto, para garantizar también el derecho que tienen a poder intercomunicarse con sus iguales, participar y aprender en ese entorno digital que ahora es su entorno».
Destacó que ante los riesgos que estamos conociendo por el incremento del uso de tecnología, muchas familias, docentes e instituciones optan por limitar y controlar en exceso. «La solución no es prohibir, sino enseñarles el funcionamiento de las plataformas y acompañarles en su uso porque para los adolescentes es un ecosistema en el que se desarrollan plenamente. Las familias tienen que entender que se tiene que pasar del control al acompañamiento; es decir, no podemos tener a niños y adolescentes totalmente vigilados, hipervigilados, hipercontrolados... Tenemos que optar por la alfabetización digital e ir gradualmente acercándoles a la tecnología, enseñándoles y educándoles para que al final puedan utilizarla de una manera consciente, crítica, saludable y responsable, pero siempre con las normas y límites que vamos a establecer en ese uso de dispositivos».
Laura Cuesta insistió en que las familias deben comprender que estamos en un nuevo entorno, y que los adolescentes entienden la tecnología no como un medio, sino como un entorno, un ecosistema que hoy día utilizan para socializar, comunicarse, construir, crear, innovar, entretenerse, profundizar en sus estudios… «Las utilizan constantemente. Por eso, vamos a enseñarles lo que son las plataformas, cómo funciona cada aplicación, qué oportunidades y riesgos conllevan… para que ellos sepan previamente desde edades tempranas qué hay, porque, como siempre decimos, tener tecnología no significa saber de tecnología».
Durante la jornada, Isabel Cuesta, fundadora de Educa en Positivo, junto a María Zabala, experta en educación digital, destacaron que no es necesario ser experto en tecnología para guiar: lo esencial es estar presentes, establecer pautas claras, educar en valores y fomentar la confianza. «No hay que tener miedo, el miedo nos puede incapacitar y lo que tenemos que hacer es comprender las necesidades de nuestros hijos y, al mismo tiempo, protegerles. Es necesario -recalcó Isabel Cuesta- un acompañamiento no solo digital, sino emocional, donde escuchemos de forma activa y fomentemos la conversación, con eso tenemos una buena parte ganada».
En opinión de María Zabala, nos falta cultura digital y es necesaria más información y con mayor rigor científico. «La falta de información rigurosa puede llevarnos a pensar que el consumo de cualquier tecnología es algo negativo y esto paraliza a las familias. Este es el mundo que nos ha tocado vivir y debemos entender nuestro papel como padres y aprender a utilizar la tecnología antes de dejarla a nuestros hijos. Necesitamos saber acompañar a los hijos antes de darles un móvil o permitirles acceder a una red social. El acceso a la tecnología, en cualquier caso, debe ser gradual, acorde a la edad del niño y su autonomía, y siempre acompañado por sus padres».

Para la directora general de Meta para España y Portugal, Irene Cano, también es necesario que los progenitores estén presentes acompañando a sus hijos en el uso de la tecnología, «pero sin ser invasivos; hay que apoyar, pero sin juzgar», aseguró. Añadió que el bienestar digital de los adolescentes «es una de las prioridades de compañía, así como la importancia de que se haga una labor conjunta entre las instituciones, las empresas tecnológicas, los expertos y las familias«.
Y, en este intento, durante la celebración del acto se apuntaron las siguientes recomendaciones para los padres en relación con el uso de la tecnología por parte de los hijos:
Interesarse por sus gustos y su actividad digital, manteniéndose al día del entorno en el que se mueven.
Utilizar contenidos de Internet para reflexionar juntos, evitando mensajes basados solo en el miedo.
Practicar cómo bloquear o denunciar, y enseñar a salir de conversaciones incómodas sin culpa.
Aprovechar los controles parentales como herramientas de protección, explicando la diferencia entre conocidos y desconocidos.
Evitar el oversharing y hablar de privacidad como parte de su seguridad y bienestar.
Fomentar un uso crítico y no impulsivo de Internet, aprendiendo a contrastar la información.
Educar sobre tecnología como parte del crecimiento vital, entendiendo que pocos riesgos son exclusivamente digitales.
Dar ejemplo con un uso responsable, fomentando la autoestima y creando momentos libres de pantallas.
Mantener una comunicación abierta, involucrándoles en la toma de decisiones y adaptando normas según su madurez.
Evitar soluciones simplistas, ofreciendo un acompañamiento sereno, informado y realista.
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