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En los últimos años se está destacando de diferentes maneras esta función terapéutica de la cultura y la literatura, que se manifiesta, por ejemplo, en el auge de los libros feel-god y en la proliferación de títulos japoneses, coreanos –y, ahora, también españoles– de un género tan de moda como la Healing Fiction.
En unos tiempos en que se han agravado los problemas relacionados con la salud mental y crece el descontento con los estilos y el ritmo de vida contemporáneos, la cultura, como subraya Verónica Sarría, puede ser también una herramienta terapéutica para prevenir y curar, si se acierta con la lectura del libro apropiado que encaje en las circunstancias y emociones que están viviendo los lectores en momentos concretos de sus vidas.
La literatura como un jarabe
Destacar este papel terapéutico de la literatura no es ninguna novedad. Por citar un ejemplo, que aparece en el libro de Molly Masters, ya en 1916, en un artículo publicado en el diario The Atlantic Monthly titulado “A Literary Clinic”, se afirmaba que “un libro puede tener la naturaleza de un jarabe calmante o la de una cataplasma de mostaza”. Hoy día, cuando los problemas y las soluciones se magnifican y generalizan, la biblioterapia adquiere, quizás, otras dimensiones, con un papel más determinante en la psicología, en las recomendaciones de las librerías y en los libros elegidos en los clubes de lectura.
Lo más importante de la biblioterapia es acertar con el libro que se va a recomendar a un lector/a que está viviendo un momento distinto y especial, y que necesita reflexionar sobre sus circunstancias personales. Los doctores que receten estos fármacos deben tener un conocimiento exhaustivo de la literatura para encontrar, entre lo mucho publicado, aquellos libros que pueden ser, como escribe Molly Masters, “una herramienta poderosa no sólo para el autodescubrimiento y la sanación emocional”, sino, también, “para ampliar nuestros horizontes intelectuales y culturales”, sabiendo que los libros tienen múltiples lecturas según el momento en que se leen, las circunstancias y los tipos de lectores.
Recetar libros: no vale cualquier cosa
En España ha habido ya algunas experiencias en hospitales, farmacias y bibliotecas que han recurrido a la biblioterapia como un complemento a otras ayudas médicas. Incluso han elaborado un “recetario literario” que contiene, como los prospectos médicos, las indicaciones, los efectos secundarios y la posología de los libros que se recomiendan, como aparecen detallados en la novela La pequeña farmacia literaria (Maeva, 2021), de Elena Molini.
Los libros se dispensan en las bibliotecas públicas, en las farmacias y en las consultas de los psicólogos, y su intención es que sirvan para superar determinados momentos que están viviendo los lectores, sobre todo vinculados a situaciones de cansancio, ansiedad y depresión, a reveses de la vida en la salud o en el terreno afectivo y emocional, o a situaciones que no se sabe bien cómo encajar. Como explica Sarría, la literatura “tiene esa magia transformadora: la de darle palabras al caos, convertir los silencios en comprensión, y la soledad en compañía”.
Se podría pensar que la biblioterapia persigue los mismos efectos que los libros de autoayuda. Pero una novela es algo muy distinto a un manual de consejos más o menos prácticos que, además, suelen ser muy básicos. Como espejo de la condición humana, la literatura ofrece retratos mucho más profundos, personajes más interesantes y conflictos humanos mucho más pegados a la realidad. De tal manera que la recomendación personalizada de buenas novelas, películas y obras de arte suele tener por lo general unos resultados muy positivos en los lectores.
Como escribió el papa Francisco en la Carta sobre el papel de la literatura en la formación, “la literatura tiene que ver, de un modo u otro, con lo que cada uno de nosotros busca en la vida, ya que entra en íntima relación con nuestra existencia concreta, con sus tensiones esenciales, sus deseos y significados”. Desde esta mirada, la literatura prepara especialmente a los lectores a afrontar las diferentes situaciones que se pueden presentar en la vida y a conocer las preocupaciones, dramas, peligros y miedos de nuestros contemporáneos, además de ser la puerta de entrada a la “polifonía de la Revelación”.
Esto es lo que se supone que debe hacer la “buena” literatura. Otro tema es lo que se entiende por “buena” literatura, pues en muchas ocasiones, en estas iniciativas terapéuticas, la calidad literaria se rebaja bastante y se opta por libros fáciles de consumir y de buena acogida, es decir, por los best-sellers más comerciales. Es el caso de los ensayos que estamos comentando, más el de Molly Masters que el de Verónica Sarría.
Por otros parte, sin llamarse biblioterapeutas, hay muchas personas relacionadas con el mundo del libro que cumplen esta tarea prescriptiva, especialmente los libreros y bibliotecarios, quienes dirigen clubes de lectura y también profesores y lectores con prestigio o especializados que saben recomendar libros personalmente o a través de las redes sociales. Sobre este asunto, resulta muy atrayente el libro El club de lectura al final de tu vida (RBA, 2013), de Will Schwalbe, donde una madre y su hijo se intercambian y recomiendan libros en un difícil momento para la vida de la madre.
Amores y desamores, paso a la adultez, ansiedad, paternidad
Lo más interesante del libro de Molly Masters es la introducción, en la que resume sus ideas sobre cómo ejercer la biblioterapia, que sintetiza de esta manera: “Es el arte minuciosamente cuidado de recomendar la lectura adecuada para un momento concreto”. Sin embargo, su libro ofrece una visión muy parcial sobre muchos asuntos (lo que rebaja su calidad, sus propuestas y sus pretensiones de fondo) y se dirige casi exclusivamente a las mujeres; y de entre ellas, a las más identificadas con determinadas causas feministas o LGTBI.
Más sugestivos, amplios e interesantes son los objetivos del libro de Sarría. Como explica, su intención “es mostrar cómo muchas obras culturales contienen claves valiosas para comprender distintos temas de salud mental”. El ensayo de Sarría ofrece una buena selección de novelas, obras de arte y películas. Entre estas últimas están La princesita (1995), El indomable Will Hunting (1997), Luz de gas (1944), Perfume de mujer (1992), Gente corriente (1980) o Her (2013). Entre las pinturas o esculturas menciona El desesperado, de Gustave Courbet, La clase de danza, de Edgar Degas, Noctámbulos, de Edward Hooper, o La Melancolía, de Albert György. En el apartado literario encontramos desde obras clásicas, como Don Quijote de la Mancha, de Cervantes, Los novios, de Alessandro Manzoni, y Los miserables, de Víctor Hugo, a otras contemporáneas, como Las gratitudes, de Delphine de Vigan, La elegancia del erizo, de Muriel Barbery, El vino de la soledad, de Irène Némirovski, y Comerás flores, de Lucía Solla Sobral.
En lo que coinciden ambas obras es en que recogen los temas de salud mental más presentes en la cultura contemporánea. En el caso del libro de Sarría, a cada uno de estos temas le sigue el análisis de una película, una pintura o una escultura, junto con un libro. En estos comentarios, muy sugerentes, no se analizan las obras desde un punto de vista técnico o meramente artístico, sino que utilizan como “espejos que nos ayudan a comprender mejor diversos procesos psicológicos universales”.
A continuación, de manera sintética, mencionamos los temas de salud mental que más se repiten entre las personas que recurren a la biblioterapia (la gran mayoría, también hay que decirlo, mujeres).
Uno de ellos se refiere a los cambios relacionados con el paso de la juventud a la edad adulta (tema muy frecuente en algunas obras de la literatura juvenil, como la Young Adult y New Adult). También se reclaman novelas que contribuyan a reforzar el empoderamiento femenino y la seguridad personal, tanto en el trabajo como en las relaciones personales. Para Sarría, el principal tema, y así arranca su libro, es la identidad personal “porque constituye uno de los pilares fundamentales de la salud mental”.
Con todo, el aspecto más tratado en la biblioterapia es el terremoto emocional que provocan las primeras relaciones afectivas, tanto las sanas como las tóxicas (temas frecuentes en uno de los subgéneros que más arrasa en todo el mundo, la novela romántica). Y, además, cuestiones relacionadas con el autodescubrimiento sexual, el tema preferido de Molly Masters.
Muchas personas buscan también novelas que traten sobre los conflictos que provocan los nuevos comienzos: el abandono de la casa familiar, una nueva pareja, cambios de residencia y de ciudad, nuevas ocupaciones laborales… El estreno de la maternidad y la paternidad es otro campo habitual, lo mismo que las inquietudes relacionadas con la creatividad artística, asunto con el que concluye Sarría su libro.
Un capítulo especial en la biblioterapia tiene que ver con las novelas que, a diferentes niveles, abordan la depresión, el estrés, la ansiedad, etc., temas para los que no resulta fácil encontrar libros –o películas– suficientemente profundos. Dentro de este campo, hay que citar las novelas que ayudan a superar la pérdida de un ser querido y el posterior duelo, tema que últimamente ha adquirido más importancia.
La biblioteca de primeros auxilios de AceprensaPensando en los lectores de Aceprensa, proponemos en este artículo, con la colaboración de Helena Farré, otras sugerencias de lecturas para todo tipo de lectores y lectoras; todas ellas abordan literariamente (y terapéuticamente), de manera directa o indirecta, algunas de estas cuestiones psicológicas y vitales que más preocupan y que están especialmente relacionadas con la biblioterapia. No son, lógicamente, “recomendaciones personalizadas”, pero sí son libros, novelas en su mayoría, que están avalados por su eficacia como long sellers, lecturas que se siguen leyendo desde hace ya años por sus valores literarios y emocionales. Hemos optado por novelas contemporáneas, un buen número de ellas ya reseñadas en Aceprensa. El paso a la edad adulta Amélie Nothomb, Estupor y temblores Irène Némirovski, El baile y El vino de la soledad Esther Hautzig, La estepa infinita Tonke Dragt, Carta al rey Álvaro Pombo, Aparición del eterno femenino Lea Ypi, Libre William Saroyan, La comedia humana Julián Ayesta, Helena o el mar del verano
Empoderamiento Guzel Yájina, Zuleijá abre los ojos Dorothy Canfield Fisher, Dulce hogar Penelope Fitzgerald, La librería Jung Chang, Cisnes salvajes Wallace Stegner, En lugar seguro Sigrid Undset, Cristina, hija de Lavrans Betty Smith, Un árbol crece en Brooklyn John Steinbeck, Las uvas de la ira Truman Capote, El arpa de hierba
Primeros amores y mal de amores Jane Austen Orgullo y prejuicio Emily Bronte, Cumbres borrascosas Stefan Zweig, La impaciencia del corazón Nikole Krauss, La historia del amor Tim Gautreaux, El paso siguiente en el baile Marianne Wiggins, Las propiedades de la sed Kurban Said, Alí y Nino Edith Wharton, La edad de la inocencia Dorothy Parker, La soledad de las parejas Lucía Solla Sobral, Comerás flores Lucía Martínez Alcalde, Por donde entra la luz
Autodescubrimiento Jutta Carleton, Cuatro hermanas Nancy Mitford, Amor en clima frío Álvaro Pombo, Donde las mujeres Polly Morland, Una mujer afortunada Delia Owens, La chica salvaje Carmen Laforet, Nada Carmen Martín Gaite, Nubosidad variable Christa Wolf, August Ethan Canin, Blue River
Nuevos comienzos Marisa Madieri, Verde agua Vera Brittain, Testamento de juventud Willa Cather, Mi Ántonia Saul Bellow, Carpe diem Beryl Markham, Al oeste con la noche Merçé Rodoreda, La plaza del Diamante Vladimir Vertlib, La particular memoria de Rosa Masur Valeria Luiselli, Principio, medio, fin Vita Sackeville-West, Toda pasión apagada
Maternidad y paternidad Rachel Cusk, Un trabajo para toda la vida Chris Bachelder, A propósito de Abbott Antonio Scurati, El padre infiel Sergio del Molino, La hora violeta Cormac McCarthy, La carretera
Creatividad John Williams, Stoner Natalia Sanmartín, El despertar de la señorita Prim Miguel Ángel Ruiz, Almenara Mary Sarton, La casa junto al mar Alba Donati, La librería en la colina Muriel Spark, La plenitud de la señorita Brodie Masashi Matsuie, Una casa de verano Jack London, Martin Eden Allen Levi, Theo de Golden Alessandro Baricco, Océano mar
Evasión Josephine Tey, El caso de Betty Kane María Dueñas, El tiempo entre costuras Emmanuel Carrère, El adversario Isak Dinesen, Lejos de África
El paso del tiempo y la soledad Delphine de Vigan, Las gratitudes Paul Gallico, Flores para la señora Harris Kyoko Murata, Dentro del caldero Victoria Belim, Mi Ucrania Elizabeth Taylor, Prohibido morir aquí Ernest Hemingway, El viejo y el mar Fina Vallès, La memoria del árbol Kazuo Ishiguro, Los restos del día Ray Bradbury, La muerte es un asunto solitario.
El cuidado de la mente Isabel Allende, Paula Arto Paasilinna, Delicioso suicidio en grupo Torcuato Luca de Tena, Los renglones torcidos de Dios Mark Haddon, El curioso incidente del perro a medianoche Yoko Ogawa, La fórmula preferida del profesor Lucia Berlin, Manual para mujeres de la limpieza Stefan Zweig, Veinticuatro horas en la vida de una mujer
Vagar sin rumbo ni expectativas Lev Tolstói, La muerte de Iván Ilich Marilynne Robinson, Gilead Jorge Bustos, Casi Ian McEwan, Sábado Antonio Tabucchi, Sostiene Pereira José Saramago, Ensayo sobre la ceguera Jean Giono, El húsar en el tejado
La pérdida y el duelo Siri Hustvedt, Historias de fantasmas Joan Didion, El año del pensamiento mágico Joan Didion, Noches azules Miguel Delibes, Señora de rojo sobre fondo gris Michele Ruol, Inventario de lo que queda cuando el bosque arde Rosa Montero, La ridícula idea de no volver a verte C. S. Lewis, Una pena en observación Piedad Bonnett, Lo que no tiene nombre Delphine Horviller, Vivir con nuestros muertos Georgui Gospodínov, El jardinero y la muerte . Y no te pierdas todas las novedades en https://www.ateleus.com |
