
Margin Call (2011)
Noche de crisis
En la sucursal neoyorquina de un potente banco de inversión internacional despiden a gran parte de la plantilla debido a unos drásticos recortes. Antes de marcharse, un trabajador veterano le comunica a un joven analista de riesgos el trabajo que estaba realizando. Cuando le da el archivo también le dice “ten cuidado”. Éste, presa de la curiosidad, se quedará por la noche para echar un vistazo al material y lo que ve le deja espantado. En resumidas cuentas constata que el valor de los paquetes de activos de la empresa es en realidad nulo, de modo que el agujero real sería mayor que el propio valor bursátil de toda la empresa… Avisados, lo gerifaltes del banco tendrán que tomar decisiones durante la noche.
El film, cuyo desarrollo tiene lugar en un solo día, está ambientado en oficinas nocturnas, con luces artificiales y primeros planos, con tonos azulados y fríos. Y es que ahí es donde se cuece el bacalao mundial, mientras los demás (la “gente normal”, dice un personaje) son ajenos a lo que ocurre… Chandor sabe hablar y gritar sobre el capitalismo en un mundo de cuatro paredes, y en este sentido la referencia es Wall Street, pero aquí todo es más crudo, tremendamente más real. Sus gritos son de impotencia, y de rabia (esas referencias reiteradas a las millonarias ganancia de los socios) ante el monstruo que ha creado la sociedad occidental –un mundo donde, más allá de cualquier duda ética, a la postre siempre acaba ganando el dinero (los personajes de Kevin Spacey y de Stanley Tucci lo dicen todo)–, pero cuyo sistema no hay quien lo pare.
Por lo demás, hay un gran acierto de casting, con unos actores que ofrecen momentos memorables, donde se llevan la palma un terrorífico y colosal Jeremy Irons (hacía tiempo que no daba muestras de su poder en pantalla) y un agobiado y cautivador Kevin Spacey. Ambos están tan gigantescos como la crisis que sus personajes provocan. Estamos ante una película crítica y dura con el capitalismo sin escrúpulos de la sociedad moderna, cuya visión es muy triste por su cercanía a la realidad y que hará preguntarse al espectador si los humanos no nos hemos vuelto locos.
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