El sol del futuro (2023)

El mayor espectáculo del mundo, el cine

Giovanni rueda una película cada cinco años una película, con su esposa Paola respaldándola como productora. Ahora se encuentra enfrascado en una historia que transcurre en la Roma de los años 50, donde el Partido Comunista Italiano trata de demostrar su desconexión con la Unión Soviética, y quizá tengan ocasión de hacerlo cuando un circo húngaro llega a un barrio, y poco después de produce en Budapest la revolución de 1956. La filmación coincide con las visitas de Paola a un psicoterapeuta, porque no sabe cómo plantear a su marido la separación.

A ratos el film tiene un aire al primer Federico Fellini, aunque abundan las citas cinéfilas, en primer lugar a Max Ophüls, pero también al reciente film de Anthony Hopkins El padre. Hay espacio para el pesimismo y el desencanto, incluso para las ideas suicidas y el pensamiento de que parece que el amor se pasa, pero también para los ideales de justicia social, y la añoranza de una felicidad que tendría expresión plástica en el proyecto de un film atravesado de canciones populares italianas, “parole, parole, parole”… Está muy bien todo el reparto, ya sea Moretti con Margherita Buy, o Barbora Bobulova y Silvio Orlando con una historia de amor que asoma dentro la película y fuera de la película que están rodando.

Y caben los momentos graciosos a cuento de los nuevos caminos para la producción cinematográfica, donde caben los personajes a la antigua usanza de los que sería representante el interpretado por Mathieu Amalric, y en que no faltan las andanadas al nuevo cine de acción grandilocuente, al modo de hacer las cosas de Netflix con su streaming, “presente en más de 190 países”, se nos recuerda machaconamente, o al exotismo financiero de unos coreanos que pasaban por ahí, y se apuntan “a un bombardeo”.

Moretti demuestra un gran dominio para los cambios de tono, de lo dramático al humor socarrón pasando por el aire irreal del ambiente circense, o para lograr una singular simbiosis o juego de muñecas rusas, en la película dentro de la película. Hasta momentos que en otro cineasta podría ser de vergüenza ajena, como la manifestación de simpatizantes del partido comunista al final, tiene su punto emocionante.