
Top Gun: Maverick (2022)
Lo viejo y lo nuevo
Han pasado más de tres décadas desde que Pete Mitchell, alias “Maverick”, fuera llamado a la escuela de élite de aviación de la Armada Top Gun y demostrara ser un as del cielo. Ahora sigue siendo tan alocado y audaz como antaño, y se dedica a probar los prototipos de los nuevos aviones de combate, aunque no ha pasado del grado de capitán. Lo contrario que su antiguo rival y ahora amigo Tom Kazanksi, alias “Iceman”, que es almirante. Precisamente Iceman le requiere para volver a Top Gun. Allí debe seleccionar y preparar a seis pilotos para una delicada misión: destruir una planta de enriquecimiento de uranio en un país extranjero, en una localización muy complicada, se trata de llegar, eliminar el objetivo y regresar con vida, lo que parece, nunca mejor dicho teniendo a Tom Cruise de protagonista, “misión imposible”. No es la formación de otros algo a lo que esté acostumbrado Maverick; además, uno de los pilotos a su cargo es Bradley Bradshaw, alias “Rooster”, hijo de su amigo Goose, que murió durante un entrenamiento, hecho que le marcó hondamente. El reencuentro no es fácil, pues Rooster culpa a Maverick de la lentitud con que ha progresado su carrera.
En lo relativo a la narración, se ha sabido rizar el rizo de la reminiscencia, en el guión en que participan Ehren Kruger, Christopher McQuarrie, Eric Warren Singer, Peter Craig y Justin Marks se mantienen muchos elementos, y todos sirven para apuntar a la maduración de Maverick. En Top Gun: Ídolos del aire, sin duda que había un antes y un después en el protagonista tras la tragedia de Goose, el individualismo y el talento personal tienen sus límites, hay que saber trabajar en equipo por una meta común. Pero aquí, en el arranque del desafío de superar un vuelo en Match 9, se sugiere que persiste la idea de ir por libre, y que algunas heridas del pasado siguen supurando. Incluso costaría aceptar la propia edad, y que otros jóvenes vienen detrás pisando fuerte, es la tensión entre la experiencia comprobada y lo que tienen que aportar las nuevas generaciones, lo viejo y lo nuevo.
Frente a la saturación de producciones de superhéroes, con elementos mágicos y multiversos mareantes, en Top Gun: Maverick hay una apuesta ganadora por “pisar tierra”, expresión que quizá suene a chiste fácil en una película de aviones, pero que resulta un acierto. El elemento humano importa, aunque los personajes de Ed Harris o Jon Hamm se empeñen en señalar que los drones son el futuro, y que Maverick con su actitud rebelde representa un pasado obsoleto. Por eso, aunque las escenas de acción, con un sonido sensacional, resultan fabulosas, nada serían sin unos personajes y sus relaciones mínimamente desarrollados, ya sean los jóvenes pilotos y los nuevos superiores, o la subtrama romántica con la Penny de una encantadora Jennifer Connelly. Hay muchos pasajes destacables, pero destaca el del reencuentro de Maverick e Iceman, Cruise y Val Kilmer, de alto voltaje emocional, y los que sirven para recoger la evolución de la relación entre Maverick y Rooster, un entonado Miles Teller, especialmente en el el último tramo del film, que discurre por cauces inesperados.
