El impacto multi-sensorial del cine sobre el espectador

agosto 2, 2010 by  
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Alfonso Méndiz Noguero, Profesor de Comunicación y Publicidad de la UMA

sala cine

 

Hablábamos de la capacidad sugestiva de las películas, de su enorme capacidad de influencia psicológica. Ciertamente nos fascinan y nos transportan a otros mundos. Pero esta fascinación, cuando acontece en una sala cinematográfica, parece como si se multiplicara por diez. ¿Podemos poner filtro a un impacto que nos arrastra?

 

 

Y es que el cine ejerce sobre los espectadores un impacto multidimensional, porque afecta simultáneamente a todos nuestros sentidos, y es casi imposible no dejarnos arrastrar por la trama del filme o de la teleserie. Esto, llevado hasta el extremo, es lo que explica esos fenómenos de fascinación -y hasta de «locura» colectiva- en estrenos cinematográficos como el de «Luna nueva«.

A diferencia del periódico o de la revista, que afectan sólo al sentido de la vista; o a diferencia de la radio, que incide sólo sobre el oído, el cine influye en varios sentidos al mismo tiempo. Ofrece una imagen cautivadora y estética, como la pintura o la fotografía (cuidando el encuadre, la composición, la luz); pero añade a la vez la sugestión del movimiento (como en la danza); y, al mismo tiempo, nos envuelve con la banda sonora (como en una audición musical); y realza la acción con efectos de sonido: la modulación de la voz, la retórica verbal, los diálogos…

Todo ello actúa simultáneamente en nuestro interior, en nuestra capacidad cognitiva y en nuestras emociones, y nuestra mente es incapaz de separar esos diferentes estímulos y anteponer para cada uno de ellos el filtro adecuado. En consecuencia, resulta muy difícil sustraerse al impacto que puede producir una secuencia bien planificada, y más aún atemperar el juego de emociones que va desarrollando el argumento del filme, pues la historia se “siente” al compás de la música, mediada por unos actores determinados, con una determinada opción interpretativa, bajo ciertos efectos de luz, de decoración, etc.

Y esto, insisto, provoca un impacto mayor en el cine. El propio ambiente de la sala contribuye a que “nos metamos” en la historia ficticia. Se apagan las luces, se enciende un proyector sobre una pantalla de grandes proporciones y arranca una música que procede de todas partes. Nada nos distrae de esa trama que comienza: no hay contertulios, como cuando vemos el televisor, ni llamadas telefónicas o tareas pendientes. Todo está pensado para invitar a la relajación y la contemplación; y, de hecho, los ojos no pueden mirar más que en la dirección de la pantalla.

El cine y la manipulación de las emociones

agosto 2, 2010 by  
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Alfonso Méndiz Noguero, Profesor de Comunicación y Publicidad de UMA

En artículos anteriores hemos visto algunos ejemplos relevantes de cómo una película cambia pautas de comportamiento, de consumo o de percepción de la realidad. También hemos ahondado en las razones de esa influencia. Hoy quiero referirme a otro aspecto de esta discusión: el Séptimo Arte como educador -o manipulador- de los sentimientos.

 

El punto de partida es que el cine es hoy —lo ha sido casi desde su nacimiento— el medio de educación emocional más poderoso para jóvenes y adolescentes. Más importante que toda la educación formal o reglada (en colegios, institutos, centros de formación, etc.) , resulta hoy la educación informal que conforman indirectamente los medios de comunicación. Y, en esta sociedad audiovisual en la que vivimos (en la que la imagen lo es todo), el cine actúa como referente de todas las otras manifestaciones culturales: teleseries, videojuegos, novelas, internet. Ahí es donde «vemos» y aprendemos cuál debe ser nuestra respuesta emocional ante cualquier tipo de situaciones.

 

mar adentroEs algo que ha sido percibido desde siempre. Ya en 1917, durante la época del cine mudo, el Consejo Nacional de Moral Pública del Reino Unido publicó un informe titulado El cine: situación actual y posibilidades futuras, en el que se decía: “Puede dudarse si somos lo suficientemente conscientes de la fuerza y consistencia con que las salas de exhibición cinematográfica han atrapado a las gentes de este país. Las demás formas recreativas atraen como mucho a una pequeña parte de la comunidad; el magnetismo del cine, en cambio, es universal. En el transcurso de nuestra investigación hemos quedado impresionados por la evidencia, traída ante nuestros ojos, de la profunda influencia que el cine ejerce sobre el punto de vista intelectual y moral de millones de jóvenes”.

 

Quizás esta afirmación pueda ser juzgada de catastrofista, pero lo cierto es que ha sido proclamada y defendida con periódica insistencia por diversos teóricos del Séptimo Arte. En la actualidad, ese juicio podría resultar aún más justificado por la creciente indiferencia respecto de los valores que se registra en la educación escolar y familiar. Como señalaban Blumer y Hauser hace ya años: “la influencia del cine parece ser proporcional a la debilidad de la familia, la escuela, la Iglesia y el vecindario. Allí donde las instituciones que tradicionalmente han transmitido actitudes sociales y formas de conducta se han quebrado (…), el cine asume una importancia mayor como fuente de ideas y de pautas para la vida”.

 

Por lo que respecta a la educación reglada, es cierto que, cada vez más, los profesores se limitan a instruir —transmitir conocimientos— y renuncian a educar: transmitir un modelo de vida, unos valores, un ideal de comportamiento. Temen que se les critique de pretender “imponer sus creencias” a los alumnos. Ante esta crisis en la educación y en los valores, el cine adquiere cada vez más protagonismo como instancia educativa de los jóvenes: es el que dice a los jóvenes cómo deben comportarse y actuar, cuáles deben ser las relaciones familiares y de pareja, dónde está el bien y el mal, en qué consisten la felicidad y el fracaso personal.

 

titanic1Un solo ejemplo. Una película como Titanic, que fue vista en los cines por 10’8 millones de espectadores en nuestro país (a los que habría que añadir quienes la vieron en el vídeo, el DVD, los pases por televisión, etc.), ha influido notablemente en la consideración estrictamente sentimental del noviazgo, al margen de todo compromiso. La caracterización del novio de Rose (Kate Winslet), como un hombre iracundo y dominante, y el propio desarrollo de la historia, “justifican” narrativamente la impulsiva ruptura de un compromiso mantenido durante años. A la vez, la emotiva presentación de los personajes, “justifica” que se acuesten la misma noche de conocerse y manifiesten así un “afecto” (más bien un deseo placentero) que es presentado a la audiencia “la más bella historia de amor”. Una sola película ha influido más en el sentido del compromiso, del noviazgo y de las relaciones prematrimoniales que todas las explicaciones recibidas por los jóvenes en las aulas y en la familia durante muchos años.

 

No debemos minusvalorar la influencia del cine como educador de las emociones, porque las películas proyectan, sobre todo, respuestas afectivas que se presentan como «auténticas» (frente a las emociones falsas, «prescritas» por los mayores), y como el único camino válido para lograr la felicidad. Hace falta una educación crítica que ayude a desmantelar esa «manipulación de las emociones» que vemos en las películas y teleseries. Si sabemos transmitir en casa ese espíritu crítico, habremos dado un paso de gigante en su educación con respecto al ocio audiovisual.

¿Cómo influye el cine?: Transferencia de personalidad

agosto 2, 2010 by  
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Alfonso Méndiz Noguero, Profesor de Comunicación y Publicidad de la UMA

El fenómeno de la “transferencia de personalidad” sucede en la psique del espectador: ese meterse en la piel de otro personaje y asumir como propios sus valores y actitudes vitales. Hoy quiero subrayar que esa transferencia de personalidad (popularmente conocida como “identificación”) resulta especialmente fuerte cuando hay una previa sintonía con el actor protagonista.

 

tom cruiseSi una espectadora, por ejemplo, adora a Tom Cruise, cuando le vea en una película tenderá a querer todo lo que él quiere y a detestar todo lo que él detesta. Y si un espectador siente atracción por Scarlett Johansson, tenderá también a identificar sus emociones con las de ella, buscando una sintonía en las actitudes, los temas y los comportamientos asumidos por su personaje en la película. Emocionalmente, llega a comulgar con esos planteamientos, sobre todo si su formación es escasa o sus convicciones son superficiales.

 

El impacto de esa identificación, también conocida como “experiencia vicaria”, puede tener una permanencia fugaz; o, por el contrario, puede fijarse con fuerza en el ánimo del espectador y permanecer largo tiempo, influyendo decisivamente en el juicio interior acerca de esas conductas y actitudes que ha “experimentado” de forma vicaria en la ficción.

En todo caso, cuando esos impactos son fuertes y se suman a los de otras películas orientadas en la misma dirección, el resultado puede transformar radicalmente los planteamientos iniciales de una persona. Y así, se puede acabar por poner en cuestión valores muy arraigados durante años —como el compromiso matrimonial, por ejemplo—, anulando el ejemplo vivido en la familia o en la propia escuela y dando la vuelta, de repente, a toda la formación recibida durante años.

¿Cómo influye el cine?:Más sobre transferencia de personalidad

agosto 2, 2010 by  
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El cine tiene una enorme capacidad seductora: nos transporta a otro mundo, nos invita a soñar, nos hace ver la realidad de otro modo… Hasta nos hace vivir otras vidas sin salir del patio de butacas. Esta capacidad de “fascinarnos”, de evadirnos de nuestro mundo y transportarnos a otro es la situación que vemos plasmada —metafóricamente— en la película La rosa púrpura del Cairo (1985).

 

la_rosa_purpura_1Como Cecilia (Mia Farrow), la protagonista del filme de Woody Allen, el espectador siente también una llamada a “meterse” en la historia que ve en la pantalla. Si el argumento es bueno y cautivador, el espectador “se olvida” de que está viendo una ficción y asume esa historia como una experiencia que está “viviendo” en ese instante. Es decir, se siente impulsado a cruzar el espacio que le separa de la pantalla y adentrarse en otro contexto de valores. Con su imaginación, entra en el mundo de la ficción cinematográfica y experimenta en sí las emociones que viven los personajes: se alegra, se entristece o se enamora con el protagonista, y hace vida propia sus inquietudes y proyectos.

 

Este proceso de simpatía con los personajes es conocido en la industria cinematográfica como “transferencia de imagen o de personalidad”, y se alcanza cuando el espectador se pone en lugar del personaje, asume sus ideales y empatiza con sus emociones. Cuando se da la identificación —cosa que no ocurre siempre, pero que es más frecuente en los jóvenes y adolescentes—, el espectador tiende a reducir las diferencias de actitud y de convicción porque desea parecerse lo más posible a él. Si el personaje siente rechazo al compromiso matrimonial, él lo sentirá también; y si aprueba las relaciones durante el noviazgo, el espectador las aprobará también emocionalmente, incluso aunque sus convicciones vayan por un camino totalmente distinto. “Si el agente 007 va a salvar al planeta, y es tan fuerte y tan atractivo —interioriza, sin pensarlo, el espectador— yo puedo perdonarle que, en el camino, se acueste con tres o cuatro mujeres, incluso aunque algunas de ellas estén casadas. ¡Porque es mi héroe!”.

 

Ese deseo de identificación suscitado por la trama acaba por minimizar las diferencias en la escala de valores, al menos durante la proyección. Porque no puedo identificarme con el protagonista —seguir la historia a través de sus ojos— y, al mismo tiempo, cuestionar sus ideales o sus comportamientos. Si el protagonista es infiel a su mujer (pero la historia justifica esa infidelidad por un “sentimiento verdadero”), o si miente para conseguir escapar (y así llevar a cabo su proyecto en favor de los demás); es decir, si la historia me arrastra, es muy posible que acabe asumiendo esas conductas como “auténticas” y acabe comulgando con ellas. Al menos, durante la proyección.

La influencia del cine en los valores y estilos de vida

agosto 2, 2010 by  
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Alfonso Méndiz Noguero, Profesor de Comunicación y Publicidad de UMA

Cuando oímos hablar de la “influencia del cine”, es fácil que asome a nuestro ánimo el escepticismo: “¡Otra vez la visión tremendista de Hollywood! Siempre con el mismo cuento…”. En realidad, rara vez se ha hablado de ello con profundidad, desde una perspectiva antropológica.

Ciertamente, el cine ha actuado siempre, desde sus orígenes, como un modelo conformador de actitudes y estilos de vida, como un espejo en el que todos nos miramos para decidir nuestros modelos y nuestras pautas de comportamiento a partir de una determinada percepción de la realidad. Veamos algunos ejemplos.

amadeus2[1]Una película como Amadeus (1984) cambió por completo la imagen cultural que de Mozart tenía el gran público; lo convirtió en un genio infantil, creador de obras sublimes y, a la vez, inmaduro y zafio. Para el 98% de los espectadores, que jamás tendrán acceso a una biografía del músico, esa es “la verdad” sobre Mozart, la imagen de la que ya nunca podrán liberarse.

 Está también el caso de Vacaciones en Roma (1953), dirigida por William Wyler y protagonizada por Audrey Hepburn y Gregory Peck, que cambió por completo la imagen deteriorada y problemática que, durante los años cuarenta, había creado el Neorrealismo italiano en torno a la Ciudad Eterna. Las películas de Rossellini, Zavattini y Vittorio de Sica habían difundido un mito de decadencia; este filme, en cambio, hizo que los norteamericanos volvieran a ver Roma como «la ciudad del amor», un símbolo de la ilusión y del romanticismo.

Más decisivo aún fue el estreno en todo el mundo de El Club de los poetas muertos (1989). Dirigida por el australiano Peter Weir, contaba la historia de un joven profesor de Literatura (Robin Williams) que se incorpora a un elitista colegio privado en la América puritana de los cincuenta. Con sus nuevas formas de enseñanza (les hace andar por el patio, para que cada uno coja “su paso”; les anima a buscar su propia voz; les incita a ser actores, a leer poesía, a soñar con otras cosas que ganar dinero y seguir el patrón de sus mayores), se granjea la suspicacia de los directivos del colegio. Y su mensaje “Carpe diem!” —aprovecha el momento— provoca una verdadera revolución, a la par que termina en tragedia.

Nadie pensaba que esta película pudiera influir en la conciencia de los jóvenes. Es más, por su temática de corte elevado (relaciones padres-hijos, el-club-de-los-poetas-muertos[2]libertad en la elección de la carrera, sistemas pedagógicos en conflicto) se pensó que a los chicos les aburriría, y que sólo podría interesar a padres y educadores. Bastaron unos pases previos para descubrir que la película despertaba un verdadero entusiasmo entre los adolescentes. Nuevos pases en institutos y colegios confirmaron esa tendencia, hasta el punto de que el filme era recibido como el abanderado de “la revolución docente” que los estudiantes de entonces ansiaban. Con estos datos a la vista, la productora del filme decidió cambiar por completo el marketing inicialmente previsto: se modificó el cartel, que iba a estar centrado en la figura del actor, para dar paso a los jóvenes protagonistas; se promocionó como símbolo de la rebeldía estudiantil y alcanzó un éxito entre la juventud como no se había imaginado ni de lejos.

El año pasado, hemos vivido en todo el mundo un caso especialmente sonoro con el estreno de Luna nueva (2009), la continuación de la saga Crepúsculo (2008).Luna_nueva[1] Se convirtió en un auténtico fenómeno de locura juvenil, especialmente en España. El 3 de octubre pasado más de 1.400 adolescentes pasaron la noche en los alrededores de un cine de Sitges donde al día siguiente iba a presentarse la película. Con ellos tuvieron que hacer noche también sus sufridos padres o hermanos mayores. Y lo sorprendente es que no iban a ver Luna nueva, sino sólo… ¡dos escenas del filme y el tercer tráiler de la película! A eso se añadía que iban a recibir como regalo merchandising del filme y, lo más importante, iban a conocer a uno de sus actores: el inglés Jamie Campbell Bower. El destrozo que esa masa descontrolada provocó al día siguiente fue tema del día en numerosas publicaciones. ¡Y todo ello sin poder ver siquiera el filme!

Sí: el cine puede provocar auténticos movimientos de masas. Porque es una representación muy intensa: muy viva y muy dramática. Y puede conmover nuestras emociones y nuestros valores más íntimos. No en vano, los clásicos decían que una buena representación puede provocar una genuina “catarsis”. Y esto no debe tomarse a broma.

La «legitimación» de conductas en el cine y las teleseries

agosto 2, 2010 by  
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Alfonso Méndiz Noguero, Profesor de Comunicación y Publicidad de UMA

En artículos anteriores hemos hablado de algunos efectos que el cine y las teleseries ejercen sobre las audiencias: la manipulación de las emociones, la transferencia de personalidad, los cambios en la percepción de la realidad, la atribución de una “autoridad social” indebida, etc. Hoy quiero hablar de un efecto social aún más importante que todos los mencionados: la función de legitimación que las ficciones audiovisuales ejercen en nuestra sociedad. En su libro «Theories of film», AndrewTudor define así este efecto sobre el público: “Es el efecto, más potente que los habitualmente descritos, por el que las películas justifican o legitiman creencias, actos e ideas”.

 

TELESERIESHoy en día, el cine ha legitimado conductas y percepciones de la realidad que hace sólo unos años provocaban el rechazo o la discrepancia moral de buena parte de la sociedad. Hoy, después de haberlos visto una y otra vez en filmes y teleseries, han pasado aser “normales”, legítimos. El cine les ha dado carta de naturaleza, ha establecido socialmente que son mucho más corrientes de lo que se piensa, que son plenamente válidos y, en todo caso, que deben verse como inevitables. Por eso invita al público a aceptarlos como “políticamente correctos”.

 Entre otros comportamientos que afectan directamente a la familia y que el cine ha contribuido a legitimar, podrían señalarse:

  •  La convivencia durante el noviazgo: en todas las teleseries juveniles, desde “Compañeros” y “Al salir de clase”, hasta “El internado”, “90-60-90” (fotograma de arriba) o la polémica TV movie “El pacto” (en la que siete adolescentes de 4º de ESO deciden quedarse embarazadas por solidaridad con otra alumna embarazada: así, engañando de paso a sus parejas –coniven con sus novios con la más plena naturalidad- llegan no sólo a banalizar el sexo, sino a justificar la maternidad por mero capricho, al margen de todo compromiso).
  •  La justificación y exaltación de la homosexualidad, en cintas como “Brokeback Mountain”, “Philadelphia” o “La boda de mi mejor amigo”; y en teleseries como “Aquí no hay quien viva” o “Los hombres de Paco”.
  •  La ruptura familiar como forma de liberación, y la infidelidad como realización personal: Entre otros filmes que idealizan y legitiman el adulterio, cabe destacar “Los puentes de Madison”; y entre las teleseries… casi todas.
  •  La promoción del aborto, como alivio para la madre (¿?) y como modo de ejercer la medicina (¿?): como en “Las normas de la casa de la sidra”.
  •  La legitimación de la eutanasia, con películas ideológicamente orientadas como “Million Dollar Baby” o “Mar adentro”; y, por supuesto, queda plenamente justificado en muchos diálogos de las teleseries actuales.

 Ciertamente, el cine ha sido siempre una “fábrica de sueños”. En esos sueños (más o menos mediatizados por la narrativa audiovisual o cienmatográfica) nos proyectamos habitualmente y con ellos tratamos de configurar nuestras identidades. Por eso, porque es punto de referencia para nosotros mismos, el mundo audiovisual ha sido también comparado a un gran espejo. Pero hoy en día parece ser “un espejo distorsionado”, porque al mirarnos en él y buscar nuestro verdadero rostro, lo que vemos resulta ser bastante alejado de nuestra vida, de nuestros valores, de nuestra familia. Lo que esas imágenes autorizan a pensar y a actuar es asumido por los espectadores como algo legítimo, validado y plenamente aceptable en nuestras vidas.

Festival de cine para filmes con «valores universales»

julio 5, 2010 by  
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Los festivales cinematográficos tienden a suscitar un escepticismo creciente en el público de a pie. Ya se trate de Cannes, Venecia o San Sebastián, con frecuencia los premios -y la publicidad que éstos proporcionan-  recaen en filmes que promueven la infidelidad, la homosexualidad y lo «políticamente correcto» (Habría que saber quién define los «dogmas» acerca de lo que es correcto y lo que no lo es).

Por otra parte, a menudo son filmes que dejan en el espectador un poso de amargura, de cierto desencanto ante la vida. Si a eso añadimos una pizca de «denuncia» (de lo que sea), un toque burlesco o satírico contra la Iglesia (y los curas, sobre todo) y un plantel de actores con glamour, podemos entrar con facilidad en las quinielas de los filmes aspirantes a los grandes premios. A parte de contradecir su original sentido («el cine es una fábrica de sueños», decían en Hollywood durante los años 20 y 30) y de la ofensa gratuita que parece obligado hacer para manifestar «independencia» y «originalidad», el negocio de los premios cinematográficos se hace cada vez más aburrido.

Precisamente por eso, en los últimos años han surgido diversos festivales que tratan de potenciar películas con valores educativos, morales, cristianos y familiares. Una experiencia muy aplaudida por el público y la crítica fue el Fiuggi Family Festival, que tuvo un enorme éxito en su primera edición de 2009, y que tiene ya abierta la web correspondiente a la 2ª edición 2010: dura una semana (24-31 de julio) y tiene muchas actividades complementarias para los niños y adolescentes -el festival es auténticamente familiar- además de abrir las puertas a jóvenes realizadores con historias frescas y enriquecedoras.

tv: Pantalla Grande

febrero 7, 2009 by  
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Popular TV – viernes a las 23:00 h.

Tertulia cinematográfica

Pantalla Grande - 24/01/2009Juan Orellana y Jerónimo Martín dan cuenta semanalmente de los principales estrenos de la cartelera en el único espacio televisivo dedicado al cine donde además de la descripción formal de las películas se realiza una crítica cinematográfica, ética y social de la misma.