Cine: El hombre que inventó la Navidad

 

 

Los fantasmas del señor Dickens

Una deliciosa película que describe cómo Charles Dickens concibió su célebre “Cuento de Navidad”, y que deviene ella misma en “Cuento de Navidad”, como si se nos propusiera un singular juego de muñecas rusas, uno acaba conteniendo encapsulado al otro.

Queda un mes para la Navidad de 1843. Charles Dickens ha regresado de una gira por Estados Unidos, y sus finanzas no son especialmente boyantes, debe mantener una familia numerosa, pagar al servicio, y costear los gastos de reforma de su espaciosa casa londinense. Además se presentan de improviso sus padres, y él siempre está dispuesto a pegar un sablazo a Charles. Con los nervios a flor de piel, la solución sería, por supuesto, publicar una nueva obra y que ésta tuviera una buena acogida. Cuando escucha a Tara, una joven doncella irlandesa, contar un cuento a sus retoños, concibe la idea de preparar un Cuento de Navidad. Pero el tiempo apremia, y como los editores no son muy receptivos, él mismo correrá con los gastos de sacar adelante la obra.

Susan Coyne se inspira en la biografía de Dickens escrita por Les Standiford, para escribir su libreto, que lleva a buen fin el director de origen indio Bharat Nalluri. Y está concebido al modo de Shakespeare enamorado, mostrando cómo diversas vivencias del escritor, que es un gran observador, las va incorporando a su obra, y le sirven para dar vida, literalmente, a personajes y tramas. Lo que incluye su propia experiencia personal, pues a su modo, y especialmente con su padre, Charles puede ser una suerte de mister Scrooge, el célebre avaro protagonista del cuento, para el que la Navidad se reduce a paparruchas.

Así, el film se convierte, por así decir, en el cuento de Dickens personalizado en su autor, y la fórmula funciona, incluido un desenlace rebosante de emotividad, no muy alejado del de otra película que de algún modo versiona al escritor, la célebre ¡Qué bello es vivir! de Frank Capra. El protagonista tiene que enfrentarse a sus propios fantasmas, si quiere llevar a buen puerto una obra con plazo de entrega bien marcado, el día de Navidad.

La película se ve con sumo agrado, y ayudan mucho, en ello, los personajes secundarios, que son un perfecto apoyo para que Dickens reconsidere su mal humor y explosiones de carácter: su fiel amigo, la joven doncella, la esposa, el progenitor. O los editores varios, el ilustrador, e incluso el gran rival, el también novelista célebre William Makepeace Thackeray, de estilo muy distinto. Dan Stevens compone bien al creador necesitado de inspiración pero también de afrontar sus propios problemas, y Christopher Plummer, como Scrooge y su correspondiente en el mundo real, resulta magnífico. El recurso de fantasmas y personajes “okupando” la habitación de Dickens mientras escribe también tiene su encanto.

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