Cine: Mary y la flor de la bruja

 

 

Sospechosa escuela de magia

Adaptación de una conocida novela juvenil de la británica Mary Stewart, su temática de niña cansada de su entorno normal, y que se sumerge en un mundo fantástico, conecta bien con los intereses de buena parte del anime japonés, más concretamente del impulsado por Studio Ghibli de Hayao Miyazaki y compañía. Se nota que el director de Mary y la flor de la bruja, hizo en la emblemática compañía Arrietty y el mundo de los diminutos y El recuerdo de Marnie; en cambio el film que nos ocupa estrena nuevo sello, Studio Ponoc. Puede haber influido, o no, pero el hecho es que los logros de la nueva película están algo por debajo de los mencionados títulos, aunque la calidad y la valía alcanzadas sigan siendo notables.

Mary pasa el verano en el campo, en casa de su tía abuela. No es un plan que le apetezca mucho, pero es lo que hay. Se distrae como puede, tiene un malentendido con un chicho del pueblo. El caso es que le llaman la atención unos gatos, que la guían al bosque, y allí unas flores y una escoba voladora la introducen en un mundo mágico muy especial, la escuela Endor, una especie de Hogwarts pero más oscura, que regenta Madam Mumblechook con el Doctor Dee. Pronto se verá que la anfitriona alberga siniestros planes.

Como se ve, la estructura se asemeja a El viaje de Chihiro, aunque en tal sentido el film es menos imaginativo, no comparte su exuberante imaginería visual. Por ejemplo, le cuesta entrar en materia, no entendemos bien las motivaciones de los villanos, y a algunas conexiones de la peripecia de Mary con su familia, les falta un poquito de fuerza. De todos modos la trama es entretenida, y contiene un mensaje ecológico contrario a la experimentación cruel con los animales.

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