Cuéntame… qué pasó?

enero 16, 2013 by  
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Al fin llegó la 14 temporada de CUÉNTAME y por la puerta grande. Líder de la noche de los jueves, por segunda semana consecutiva, superando los números de su estreno, con una cuota de pantalla del 20,4% en este segundo episodio, escalando hasta un 24,6% en el minuto más visto de la jornada, a las 23:38 horas, con 4.613.000 espectadores.

 

 

 

 

 

 

 

Disfrutamos del capítulo especial que emitió La1 la noche del 4 de enero, lo que nos hizo presagiar que la serie iba a seguir manteniendo un nivel alto. Los títulos iniciales, junto a la voz del narrador, iban acompañados del concierto de Los Secretos en la Escuela de Caminos, inicio de la movida madrileña. A partir de ahí, música de los 80, grupos como Alaska y los Pegamoides, Nacha Pop, La Unión, Hombres G…, más que suficiente para esperar al siguiente capítulo con ilusión y cierta ansiedad.

El primer episodio se presentaba plano y aburrido: una vez más el 23 F. Todos hemos visto en directo la entrada de Tejero en el Congreso de los Diputados y hemos oído a amigos, conocidos, tertulianos varios, opiniones de un lado y otro de lo que significó ese día.
Aunque oí en directo el golpe de estado en la radio del coche, volviendo del colegio, no tengo recuerdos especiales de ese día. Tenía 15 años y estaba a un examen de ciencias que tenía al día siguiente. Supongo que hay cosas que no se olvidan.

El capítulo comenzó y poco a poco va transmitiendo las fases de esa noche de una forma absolutamente perfecta, porque pude vivir desde el desconcierto inicial, la preocupación ante las noticias poco claras, el miedo pensando en una vuelta al 36… y un fatalismo común a todos los personajes que tenían la certeza de que España no tenía remedio. Lo decían los vecinos del barrio de San Genaro (la peluquera, el ama de casa, el cura…). Lo decían los periodistas retenidos en el Congreso (Toni Alcántara entre ellos).

Pero una vez más, la serie nos saca una sonrisa. Miguel, comunista, se refugia en casa de su amigo Ramón, falangista. Discuten, gritan, tratan de ayudarse y siguen amigos. España sí que tiene remedio. La amistad  por encima de ideologías y banderas.  Y con consecuencias prácticas: en mitad de una noche caótica, los dos amigos, ayudados por Antonio se deshacen en un descampado de las banderas comunistas que tenían en stock los hermanos Alcántara y su amigo Desi.

Acaba el capitulo  y surge un suspiro de alivio. Lo que pudo ser y no fue.

Creo que si a los de mi generación nos espanta hoy lo que fue es porque me lo están contando tal como ocurrió pero lo estamos viendo con la mentalidad del 2013.  En ese momento las ciencias eran mi prioridad. La libertad la daba por supuesta.
Y repito, me ha impresionado ese “no tenemos remedio”. Ese fatalismo aún lo tenemos metido muy dentro y mi admirado  Arturo Pérez Reverte se encarga de recordárnoslo con frecuencia, cargado de razones. No hay más que poner las noticias.

Y vuelvo a preguntarme ¿por qué los Alcántara siguen con esa capacidad de convocatoria frente al televisor?

Puede ser porque  la familia Alcántara  siempre está unida, en las situaciones más extremas (hijo periodista en el Congreso, hija actriz con antecedentes  en Valencia, abuela con unos recuerdos muy vívidos de lo que fue el 36 en su pueblo) con  diferentes opiniones y reacciones pero todos a una. La abuela a golpe de Rosario, el padre apoyando a su familia aunque no sepa muy bien cómo, la madre con serenidad y empatía.

En esta familia se respetan habitualmente las diferencias y, en cualquier caso, el amor que hay entre ellos las diluye. Creo que, aparte de una narración bastante rigurosa de lo que fue y un atrezzo digno de un Óscar, lo que nos engancha a los Alcántara es lo bien que tratan el concepto de familia, sin teoría anterior de ningún color ni religión. No hace falta, es lo que sabemos todos que ha de ser una familia.

Firma: María Corcuera

 

Podéis ver ya el capítulo 235 íntegro en rtve.es, si os lo habéis perdido y queréis empalmar con el de esta semana.

 

La imagen de la familia en «Los Simpson», «Padre de familia» y «South Park»

agosto 2, 2010 by  
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Xavier Gutiérrez en «Análisis y Actualidad”

 

No hay nada como estar en familia. La chimenea calienta al fondo el hogar. La sala limpia y sobriamente decorada. Todos juntos en torno al único televisor de casa. Mamá y papá ocupan un lugar privilegiado en el sofá. Jennifer, la hija mayor, descansa la cabeza en el fuerte brazo de su padre. Tom se sienta en la alfombra, recostado en Bobby, el perro traqnuilo. Y el pequeño Nicky se ha quedado dormido en las piernas de su madre. Éste era el modelo clásico de familia que proyectaban en televisión allá por los años setenta. Pero hoy, los modelos de familia que aparecen en televisión son “un poco” diferentes.

the-simpsons54[1]«Los Simpson«, la aclamadísima serie de la cadena Fox, será nuestro primer punto de referencia.

No hay nada como estar en familia. Homero, en calzoncillos, ocupa todo el sillón. Bart y Lisa tienen el control de la televisión y deciden qué ver. Generalmente será el Show de «Tom & Daly», una parodia de «Tom & Jerry» en la que el ratón termina explotando o mutilando al pobre gato. Marge aparece en escena. Refunfuña por ver tanta violencia y la tachan de mamá aburrida. ¿Dónde está el bebé? Nadie lo sabe. A nadie le importa.

De repente, el abuelo aparece en la ventana y saluda a la familia. Sucede un milagro: Homero se levanta del sillón. Se dirige hacia la ventana. Su padre sonríe enternecido. Homero cierra la persiana para no verlo y se dirige a la cocina. Saca otra cerveza Düff, eructa, se rasca el trasero, patea al perro enclenque que ocupaba su lugar en el sofá y sigue viendo la televisión. Se les considera una familia normal, pero no debería serlo.

 

mad458Otra de estas caricaturas es «Padre de Familia» («Family Guy» en la versión original). Los Griffin nos muestran otro “modelito” de la sagrada institución que fundamenta nuestra sociedad.

No hay nada como estar en ¿familia? Todo parece normal. Mamá y Papá en el sillón, abrazados. El hijo mayor sentado en la alfombra. La hija adolescente sentada en una silla aparte. El bebé juega con el perro. Por fin, una escena normal en televisión, a no ser porque…
Peter, el padre, es un católico obeso y alcohólico. Está casado con Louis, otra mamá aburrida, que tiene que soportar las locuras de su estúpido esposo. Su suegro, un fanático, ha maldecido la unión de su hijo con una protestante.

Chris, el hijo mayor, es un fracasado. Utiliza un pendiente en la oreja, es gordo, y su temperamento refleja una total indiferencia e ineptitud. Comparte una característica con Meg, su hermana: son unos inadaptados. Tienen pocos amigos en la escuela y sus padres los avergüenzan constantemente.
Por último, tenemos a Stewie, el bebé obsesionado con la idea de matar a su mamá. Su mejor amigo es el perro de la casa, que habla y es propenso a la bebida. Juntos, el bebé y el perro, representan el peso intelectual de la familia. Con una familia así, ¿quién va a querer casarse y tener varios hijos?

south_parkLa última serie animada que analizaremos es: «South Park«. Podríamos continuar con otros programas, pues la lista es tan grande como dibujos animados en televisión, pero por ahora bastan estos tres ejemplos.

No hay nada como estar… Quizás no se pueda hablar del concepto “familia” en una serie como esta. La protagonizan cuatro niños: Stan, Kyle, Cartman y Kenny. Los directores aprovechan para atacar a todos los estamentos, religiones y nacionalidades con un vocabulario que haría sonrojar a un pescador veracruzano.

Resultaría grotesco detallar la condición familiar de cada personaje, pero podemos dar algunas pinceladas de este cuadro modernista: un niño que vive solo y muere en todos los episodios; otro que no sabe quién es su verdadero padre, y su mamá tampoco está segura; una mamá que quiere asesinar a su hijo porque ha descubierto que su esposo acude a un club de homosexuales: otro papá que no se siente a gusto con su género y se cambia el sexo, por el de un delfín… y la lista continúa.

Los adolescentes pasan mucho tiempo viendo televisión y absorben todos los modelos que aparecen. No es de sorprender que las nuevas generaciones rehúyan de formar una familia. De nosotros depende ofrecer a las futuras generaciones modelos de familias estables. Más que hablar de series animadas, hablamos de testimonios de vida. Vencer al mal con el bien.

La «autoridad social» de las teleseries y su representación de la familia

agosto 2, 2010 by  
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 Alfonso Méndiz Noguero, Profesor de Comunicación y Publicidad de UMA

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¿Por qué las tele-series influyen tanto en los jóvenes? En la actual crisis de valores que afecta a la educación (en la escuela, en la familia, en la vida social), es la representación audiovisual dominante (cine y televisión) la instancia que les dice dónde está el bien y el mal, qué hacer para alcanzar una vida plena, cómo conseguir la felicidad.

 

En el fondo, el problema que subyace es el de la «autoridad» concedida a las imágenes televisivas. Ante la desorientación de los padres (o su indiferencia ante los valores, o su actitud permisiva, o la renuncia a su misión educativa), los jóvenes están concediendo más autoridad epistemológica (conocimiento de la realidad) y más autoridad deontológica (valoración de la realidad) a los modelos que plasman las teleseries que a los aprendidos en clase o en las conversaciones con sus padres.

Los modelos de familia de “Aquí no hay quien viva” o “Los hombres de Paco” (familias rotas, con segundos o terceros matrimonios; infidelidades conyugales y exaltación de la homosexualidad), la promiscuidad familiar de series como “Los Serrano” o “90-60-90”, y la fuerte carga sensual de muchas series para adolescentes (como “El Pacto”, “El Internado” o “Física y Química”) acaban pareciendo a los jóvenes más reales y auténticas que su propia experiencia como familia. Aunque son pura ficción, esas series tienen más “autoridad” sobre lo que es y debe ser la familia que el ejemplo de la suya propia vivida durante años.

“¿Qué me van a decir mis padres sobre lo que debo o no debo hacer con mi novio?”, llegan a pensar muchas chicas adolescentes. “¡Si yo ya sé lo que es el noviazgo! ¡Si yo lo he visto, lo he vivido!”. En realidad lo ha visto y lo ha “vivido” en las series. Y eso, que es pura ficción, se le antoja más real –y más definitorio de lo que debe ser su pauta de conducta- que lo aprendido en casa y en el aula.

¿Por qué sucede esto? Por una parte, por la transferencia de personalidad que desarrollan al contemplar las teleseries. Y por otra, porque muchos padres transmiten un modelo de familia en el que parecen no creer: sin apenas convicción, ni alegría, ni entusiasmo. Si hiciéramos partícipes a nuestros hijos de la tarea maravillosa que es para nosotros formar una familia, del gustoso sacrificio que hemos puesto en traer hijos al mundo y educarlos, de la importancia de nuestra misión como padres (la más importante de nuestra vida), probablemente nuestros hijos la amarían también; y concederían menos autoridad a las teleseries porque compartirían con nosotros la ilusión de crear un hogar y de comprometerse por amor para toda la vida.

Festival de cine para filmes con «valores universales»

julio 5, 2010 by  
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Los festivales cinematográficos tienden a suscitar un escepticismo creciente en el público de a pie. Ya se trate de Cannes, Venecia o San Sebastián, con frecuencia los premios -y la publicidad que éstos proporcionan-  recaen en filmes que promueven la infidelidad, la homosexualidad y lo «políticamente correcto» (Habría que saber quién define los «dogmas» acerca de lo que es correcto y lo que no lo es).

Por otra parte, a menudo son filmes que dejan en el espectador un poso de amargura, de cierto desencanto ante la vida. Si a eso añadimos una pizca de «denuncia» (de lo que sea), un toque burlesco o satírico contra la Iglesia (y los curas, sobre todo) y un plantel de actores con glamour, podemos entrar con facilidad en las quinielas de los filmes aspirantes a los grandes premios. A parte de contradecir su original sentido («el cine es una fábrica de sueños», decían en Hollywood durante los años 20 y 30) y de la ofensa gratuita que parece obligado hacer para manifestar «independencia» y «originalidad», el negocio de los premios cinematográficos se hace cada vez más aburrido.

Precisamente por eso, en los últimos años han surgido diversos festivales que tratan de potenciar películas con valores educativos, morales, cristianos y familiares. Una experiencia muy aplaudida por el público y la crítica fue el Fiuggi Family Festival, que tuvo un enorme éxito en su primera edición de 2009, y que tiene ya abierta la web correspondiente a la 2ª edición 2010: dura una semana (24-31 de julio) y tiene muchas actividades complementarias para los niños y adolescentes -el festival es auténticamente familiar- además de abrir las puertas a jóvenes realizadores con historias frescas y enriquecedoras.

Diagnóstico asesinato

abril 26, 2009 by  
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D.asesinato

*Emisión: Diaria, de 11.05-12h
*Cadena: ETB2
*Género: Serie-Intriga
*Público: Adulto
*Año: 2009

Serie americana protagonizada por el veterano actor Dyck Van Dycke. Su papel es el de un médico con un sexto sentido para resolver los asesinatos que investiga la policia local en la que trabaja su hijo.

Serie sin otro fin que el de entretener, dirigida a todos los públicos, con el  único inconveniente de su horario lo que hace que su audiencia mayortaria sea el público adulto.

“Los medios audiovisuales de ocio deben usarse en familia”

febrero 13, 2009 by  
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Entrevista: Fernando García comenta las conclusiones de una encuesta sobre el empleo de Internet, teléfono móvil, videojuegos y televisión por parte de chicos de 10 a 18 años.
Firmante: Rubén Pereda, 01-11-2006.

Se ha escrito mucho sobre los efectos de la televisión en niños y adolescentes. Pero hoy existen otros medios de ocio audiovisual a los que también deben prestar atención padres y educadores. De hecho, el público infantil es el que menos horas pasa frente a la “tele”, y si tuvieran que elegir, la mayor parte de los chicos de 10 a 18 años se quedarían con Internet, los videojuegos o el teléfono móvil.

Los anteriores datos proceden de una encuesta sobre uso de medios audiovisuales, realizada por el grupo de investigación Civertice (www.civertice.com), a 4.000 alumnos de esas edades que estudian en más de 25 centros educativos de distintos lugares de España. Fernando García, profesor y director de Comunicación del Colegio Irabia, de Pamplona, ha participado en el estudio y, basándose en los resultados obtenidos, ha editado recientemente el libro “¿Chateamos? Análisis educativo de esta nueva forma de comunicación”, que va acompañado de un DVD con recursos didácticos.

— ¿Qué rasgos destacaría del estudio realizado?
— En primer lugar, se trata de una encuesta muy abierta, sin hacer un muestreo según criterios estadísticos. El proyecto se entiende también como un servicio para los colegios que desean sumarse a la iniciativa ofreciendo a todos sus alumnos la posibilidad de participar en nuestra encuesta. Además, en breve se extenderá a otros países.
Técnicamente, se divide en cuatro capítulos: Internet, móvil, videojuegos y televisión, haciendo hincapié tanto en el consumo como en la publicidad. Esta amplitud de temas ha permitido observar, entre otros datos curiosos, la preferencia que tienen las chicas por el móvil, frente al mayor interés de los chicos por los videojuegos.
También es muy llamativo que no se produzca un claro desplazamiento entre las diferentes pantallas: la aparición de Internet no ha supuesto un descenso drástico del consumo de televisión. Lo que se observa es que hay grandes consumidores de todos los medios, junto a chicos que apenas consumen.
Las diferencias entre los sexos también se refieren a los contenidos: por ejemplo, en los videojuegos hay una mayor preferencia de las chicas por aquellos en los que no hay que competir, sino que priman las relaciones sociales. La industria del entretenimiento ha visto la posibilidad de abrir mercado ofertando juegos más adecuados para las chicas. El experto es el niño.

— Una parte del estudio se dedica al uso del ordenador y, en especial, a Internet. ¿Qué conclusiones son las más destacables?
— Existen muchos aspectos llamativos. Por ejemplo, la cuarta parte de los encuestados tienen ordenador en su habitación; obviamente, los problemas que derivan de esto –incluso la falta de sueño– no pueden dejarse de lado.
Por otro lado, la conexión a Internet disponible en los hogares españoles es más frecuente en las familias con hijos pequeños, ya sea porque los padres son más jóvenes, ya sea por la presión de los hijos. Igualmente, está más extendido en las casas que en las escuelas.
Además, y este es un dato fundamental, el experto en Internet suele ser el hijo: los chicos aprenden solos y son ellos los que tienen que enseñar a sus padres. Con esto, los padres pierden potencial educativo: deberían plantearse el acompañar a sus hijos desde que son pequeños a navegar por la red, convirtiéndose así en un referente. Una de las medidas que, a raíz del estudio, hemos visto que se debe recomendar es el uso de los medios de ocio audiovisuales como un punto de encuentro de la familia, de tal forma que no sea algo individual, aislante.

— ¿Cómo es la actitud de los padres frente a los nuevos medios de ocio audiovisual?
— Las actitudes no son homogéneas, y son claramente diferentes según el medio que se trate. Por ejemplo, el móvil es el regalo “estrella” de la primera comunión, y los fabricantes se dirigen cada vez a clientes de menor edad.
El caso de Internet es el que merece más atención, precisamente porque es el que menos se puede controlar y, en cierta medida, el que ofrece mayor número de posibilidades. Es sintomático que apenas el 10% de los niños encuestados tenga instalado un filtro de contenidos en el ordenador, mientras que prácticamente la totalidad de los ordenadores españoles tienen un antivirus: parece que la preocupación mayor es por lo que le pueda pasar al ordenador, y no por lo que le ocurra al chico que lo usa.
En este sentido, las tres cuartas partes de los encuestados reconocen que en su casa no hay discusión acerca del uso de Internet: ellos son los que disponen libremente del ordenador. Y son menos del 10% los que tienen alguna prohibición, que se refiere generalmente a cuestiones económicas: comprar, dar información, enviar mensajes…
El ordenador, en su sitio

— ¿Y qué medidas propone?
— Ante todo, compartir, que no consiste en estar con los hijos siempre que van a jugar a un videojuego, o a conectarse a Internet, sino que se trata de buscar que en algún momento se convierta en una actividad familiar, en ocio para todos. Suelo comparar el uso de las nuevas tecnologías con una excursión: efectivamente, los padres no acompañan siempre a sus hijos cuando salen por ahí, pero de vez en cuando sí que lo hacen, y así, las excursiones se convierten en un plan familiar: se trata de plantearse lo mismo frente a la pantalla.

El ordenador tiene sus propias características: hay que enseñar que se trata de una herramienta de trabajo y, en consecuencia, ponerlo donde se vaya a trabajar: lo mejor es un cuarto de estudio o un despacho, si es posible. También es muy recomendable usar un portátil, aunque sea más caro: permite guardarlo y usarlo sólo con una razón. Tenemos que convencernos de que se trata de un electrodoméstico más, que tiene su función y que se usa únicamente cuando hace falta. También hay que instalar un filtro de contenidos, limitando las páginas que se pueden visitar e incluso el horario de acceso y la duración de las conexiones. Por lo que respecta al chat, ha de prohibirse absolutamente.

Respecto de los videojuegos, los padres tienen que conocer unos cuantos –cinco o seis– y permitir únicamente esos. En Internet existen páginas que informan adecuadamente, y permiten dar un criterio educativo para el uso de las nuevas tecnologías.
En general, hay que saber ofrecer un referente educativo que los padres de la generación actual no han tenido. Para eso, tenemos que informarnos y adelantarnos: el ordenador, los videojuegos, Internet… son accesibles a los niños desde edad muy temprana, con programas adecuados. Así, los niños aprenden a manejarlos junto a sus padres, y descubren que es algo útil si se dirige a un fin bueno.

Y, sobre todo, dar ejemplo: los padres tienen que exigirse. Un caso evidente es el móvil: si queremos que nuestros hijos lo usen sólo cuando es estrictamente necesario, si pretendemos que no interrumpa los momentos de reunión familiar, habrá que evitar que nos suene a nosotros en la cena. La educación, como siempre, resulta más dura para el que tiene que educar.

Webs de referencia: www.protegeles.com (filtros de Internet); www.pegi.info (videojuegos, clasificación europea); www.esrb.org (videojuegos, clasificación norteamericana); www.commonsensemedia.org (toda clase de productos audiovisuales, con valoraciones de los editores, los padres y los chicos); www.mediafamily.org (similar a la anterior, ofrece información para ser “media wise” o experto en medios).