De Hannah Montana al sex-symbol Miley Cyrus

junio 14, 2010 by  
Filed under General

Firmado por Ana Sánchez de la Nieta  
Fecha: 7 Junio 2010

 

 

La reconversión de un producto

Miley Cyrus se ha cansado de ser Hannah Montana, el personaje por el que saltó a la fama y por el que la han idolatrado millones de adolescentes en todo el mundo. Lleva semanas repitiéndolo, aprovechando los micrófonos que le ponen para promocionar su nueva película La última canción, un drama romántico escrito por Nicholas Sparks. En la película, Cyrus interpreta a una jovencita rebelde que encontrará un verano, a través del amor de un atractivo joven, la fuerza para reconciliarse con el mundo y perdonar a su padre. Es decir, un personaje que –sin ser Hannah Montana– no está lejos de los valores que hasta ahora personificaba Miley Cyrus.

La joven actriz y cantante de 17 años había manifestado hasta la saciedad –especialmente a través de su Twitter que mantuvo con una actividad frenética hasta que lo cerró en 2009 por petición de su novio– su defensa de algunos valores como la familia, la fe en Jesucristo (es cristiana evangélica) o la castidad (durante algún tiempo lució un anillo de pureza para defender la virginidad hasta el matrimonio). Su look además era el de una adolescente atractiva y moderna pero en absoluto provocativa. La suma de vestuario, valores y argumentos de sus películas la convertían no solo en un ídolo para los más jóvenes sino en una figura para los padres que veían en Miley Cyrus una buena influencia, un ejemplo a imitar.

Pero esto pertenece al pasado, Cyrus se ha hecho mayor y para romper con su personaje ha roto también con su look y sus valores. La última canción es una película de transición, pero el 22 de junio se lanzará su nuevo disco I can’t be tamed (“Soy indomable”). El videoclip del tema principal, que puede verse ya en internet, muestra a Miley Cyrus vestida de pájaro con un ajustado corsé negro, botas altas y alas, bailando de forma muy sensual y desinhibida en una jaula rodeada de hombres. Unos días antes, Cyrus había protagonizado un pequeño escándalo al publicarse un video en el que aparecía bailando de forma provocativa con el productor de cine Adam Shankman, de 45 años y abiertamente gay. La reacción crítica de algunos medios fue tal que el propio padre de la actriz tuvo que salir en su defensa.

Un cambio de manual

Lo curioso de toda esta historia es que, precisamente, no es nada original. Lo que le está pasando a Miley Cyrus ya le ha pasado a muchos otros actores y cantantes precoces –muchos de ellos de la Disney– que para “crecer” artísticamente han tenido que plegarse a las prerrogativas de las productoras que piensan que sin escándalos y unos gramos de morbo no hay quien aguante el paso a la madurez de un ídolo juvenil. La pena es que, en el camino, estos jóvenes pierden parte de su talento, toda su frescura y, en algunos casos la salud y la cabeza (Lindsay Lohan y Britney Spears son solo dos ejemplos). Y es que cambiar de forma de pensar y de actuar de la noche a la mañana no debe de ser muy saludable.

En cualquier caso, es gracioso escuchar a Cyrus protestar de su personaje de Hannah Montana, decir que está supercontenta de tener un nuevo look solo apto para adultos y que guste más a los padres de sus fans. Hay que oírla explicar que “como decía mi madre, no tienes que fijarte en lo que quieren los demás, sino en lo que quieres ser, y por eso estoy orgullosa de lo que he hecho” y comparar sus declaraciones “estoy en otra etapa, intentando crear mi propia imagen y desarrollar mi personalidad”, con las de “su portavoz” (¿será su productor musical?): “ella ha sido una estrella adolescente e inocente demasiado tiempo. El nuevo aspecto y actitud, sorprenderá a mucha gente y es algo que Miley quiere hacer”. Tanta insistencia en la madurez y la autenticidad de una chica de 17 años suena, por lo menos, sospechoso.

Que Hannah Montana fuera un producto prefabricado no lo dudaba casi nadie, que la nueva Miley Cyrus es otro, es aún más evidente.

Los protegidos

abril 14, 2010 by  
Filed under General

DAVID TRUEBA 12/04/2010 (El País)

Hoy termina la primera temporada de Los protegidos, la serie de Antena 3. Está anunciada una segunda tanda de episodios, todo un éxito dado el bajo porcentaje de continuidad en los productos televisivos; este curso incluso se han cancelado series sin llegar a emitirse. Los protegidos, sin embargo, ha seducido a los espectadores juveniles, esos a los que Hannah Montana va a dejar huérfanos y quieren un paso más de picardía y conflicto sin llegar aún a la intemperie emocional de otras series de adolescentes sobrehormonados. Cuenta la peripecia de una mujer y un hombre que tienen hijos con superpoderes y se ven obligados a fingirse una familia convencional con trabajos y obligaciones escolares. A menudo los superpoderes son inútiles. Que se lo digan a Zapatero: ni aunque hiciera hueco en su gabinete a Batman y Superman podría encarar la crisis económica montada por los especuladores. Estos chicos tampoco gozan de superpoderes infalibles. Uno se hace invisible a ratos, otra tiene electricidad en las manos, otro puede mutar en alguien distinto y los más pequeños pueden leer el pensamiento o mover objetos. Es decir, cosas que no garantizan la felicidad, sino que más bien la complican. Si el siglo XX terminó con los capos mafiosos en el psiquiatra, el XXI tumba en el diván a los superhéroes con baja autoestima frente a la superrealidad.

Antonio Garrido y Angie Cepeda son actores con el encanto ideal para representar esta pareja de separada y viudo. No hay serie española donde no haya un viudo, como si la esposa muerta fuera una fantasía nacional. Sus personajes conviven en plena tensión sexual no resuelta, pero de no resolver esta tensión sino de incrementarla pende la continuidad del invento, como aquella mítica Luz de luna. Esta especie de Los Serrano, sin jamonería pero con superpoderes, avanza con tino, distanciándose de su modelo americano, Héroes, y apoyada en perchas de nuestra ficción: los padres son apocados, los adolescentes descarados y los niños lúcidos. Hay suspense, costumbrismo y la obligada estampa de los chicos en ropa interior, pero el gusto con el que se ve sólo se resiente a ratos del alargamiento de situaciones, como si la cadena forzara a que los episodios duraran un tercio más de lo ideal.

La influencia de las series juveniles

enero 21, 2010 by  
Filed under General

Análisis realizado por Telespectadores Asociados de Cataluña (TAC)
 
 
El secreto del éxito de las series de televisión dirigidas a los jóvenes, y en general de casi todas, es la confusión consciente entre realidad y ficción que practican. Todas ellas tienen una serie de caracterícticas comunes que vale la pena analizar:

 
1. Los guionistas mezclan ingredientes narrativos inventados con elementos que son reales.

2. Recogen situaciones, ambientes y anécdotas de la actualidad real y las combinan con sucesos inventados.

3. Igualmente reúnen personajes de ficción con otros personajes reales.

4. Por un lado intentan ser verídicas llevando a la pantalla algo de la vida real de los jóvenes, aquello que está precisamente en el “ambiente de la calle”.

5. Por otro lado, tienen que plegarse a las exigencias narrativas del género: el alargamiento de las historias, la tensión dramática, la espectacularización, la combinación de crisis, humor, conflictos y “reparaciones” que requiere el relato, etc.

6. El resultado es una historia que atrapa al espectador en una maraña de identificaciones, distanciamientos, rechazos y adhesiones, muchos de ellos contradictorios entre sí.

7. Los jóvenes pueden, así, imitar a los personajes como modelos de vida, identificarse o recharzarlos, confundir su propio mundo con el de los personajes i el de los personajes con su mundo. Todo ello va a depender de la disposición de cada espectador, de cada joven espectador.

8. Los jóvenes se implican de una manera muy viva en estas series. Se implican de tal modo que:

– Consumen cada vez más televisión a causa de este fenómeno de las series.

– Están cada vez más ocupados en los problemas que les presentan las series y sólo esos problemas.

– Tienen tendencia a evaluar su propia situación en los términos y con las referencias que les presentan las series.

– Aunque puedan considerar ilógicas o irreales algunas de las situaciones, sienten viva preocupación porque los temas de las series, a través de su consumo, acaban siendo importantes en el universo de sus conversaciones con los amigos.

– Hay una cierta tendencia a aceptar como “normales” algunos comportamientos presentados en las series (por exagerados que, en un principio, puedan parecer)

9. El resultado es que cada vez más las series y la vida real se acaban pareciendo. Hay un fenómeno de ósmosis  entre una y otra que la televisión potencia en extremo.

10. Por otro lado, la notoriedad y el éxito de las series apaga o debilita otras referencias. Los héroes de la literatura, de la actualidad o de la cultura próxima quedan bastante eclipsados por las series y, a la larga, algo cambia en la cultura de nuestro entorno.

11. Lo más importante: por primera vez en la historia, el fenómeno de las series ha alcanzado con la YB un poder impresionante:

– Cada día atrapa a millones de espectadores durante cientos de minutos.

– Cada día ocupa la conversación y el imaginario de millones de jóvenes.

– Cientos de historias que se asemejan entre sí porque están forjadas por la misma norma televisiva.

– Moldea nuestro imaginario, dirige nuestros sueños y nuestras ansias.

12. Comunicarse, contar historias, tomar la palabra, construir una ficción. Todo ello responde a una necesidad y a una aspiración profundamente humana, es una necesidad del intelecto y de nuestro estilo de ser.

13. Sin embargo, cuando esto se convierte en una maquinaria que no cesa en una industria que no puede parar, que lleva historias a extremos inauditos, que hace los relatos cada vez más rocambolescos, raros, hay que pensar entonces que estamos entre una exageración de proporciones preocupantes.

14. Lo importante es que la maquinaria televisiva funcione, que no se pare

15. A nadie parece ya importar que la imaginación humana, y especialmente, la de los jóvenes, requiere un cuidado especial, una atenciçon máxima, un equilibrio, una serenidad y una autenticidad que son necesarias para obtener felicidad y calidad de vida.

16. Prestar atención a las series, porque a todos nos afecta lo que vemos en TV. Aunque sólo sea cognitivamente, y aún más al público adolescente: lo que ven en pantalla lo consideran el mundo real, un reflejo de lo que pasa y, en muchos casos, de cómo tienen que ser las cosas: nuevas experiencias sentimentales, la amistad, relaciones familiares, el rendimiento escolar, ocio, diversiones…

17. “Los jóvenes toman como modelos a sus personajes favoritos y los procesos de identificación con los mismos son muy fuertes”

– Los protagonistas son los que abanderan los valores. Valores que el joven espectador recibe como buenos. La cuestión es si esos valores propuestos son realmente tales. Según estudios el formato de ficción cambia más sutilmente las mentalidades que un informativo o un discurso más racional.

– Nos movemos por patrones.

– Las personas tendemos a imitar lo más fácil y atractivo cuando no ponemos la cabeza.

18. No presentan dificultades de comprensión. Las tramas son sencillas, muchas en un mismo capítulo, estructuradas en escenas cortas para no cansar. Los diálogos son simples y utilizan un vocabulario excesivamente coloquial, pobre, y muy a menudo vulgar.

19. Realidad parcial, se escoge lo que conviene. Y es bien casual que en estos personajes se concentren tantas desgracias, riñas y alteraciones sentimentales.

20. Excesiva y sistemática simplificación de los conflictos que ponen en escena

21. Los estereotipos son frecuentes en los personajes: rebelde, ligón, la vampiresa, el líder, el patito feo, el bueno, etc.