Los increíbles 2

 

 

Lavado de imagen

Los superhéroes siguen gozando de muy mala prensa. A pesar del tesón que ponen en combatir a los supervillanos, las autoridades no están muy contentos con su trabajo, piensan que destrozan la propiedad pública, lo que supone un gasto de millones de dólares en reparaciones que salen de las arcas municipales. Así que ha llegado el momento para la familia Parr, “Los Increíbles”, de colgar definitivamente sus mallas, los padres deberán buscarse otro curro. ¿O no? Pues aparece en escena el emprendedor y admirador de los superhéroes Winston Deavor, que piensa que lo que necesitan éstos es una buena campaña de imagen, y en tiempos de empoderamiento femenino, su banderín debe ser, por supuesto, Helen, o sea, Elastigirl. Lo que supone que Bob, Mr. Increíble, deberá ocuparse de las tareas del hogar, cuidando especialmente de sus hijos: Violet, enfadada porque el chico del que se ha enamorado la ha olvidado; Dahs, que necesita ayuda con sus deberes; y el bebé Jack-Jack que a su tempranísima edad comienza a mostrar que los superpoderes no le son ajenos.

14 años después de Los increíbles, Brad Bird vuelve a recuperarlos, de nuevo como guionista y director en solitario, lo que acredita que se trata de una personalísima creación, que sabe entregar con vertiginoso y envidiable ritmo, las escenas de acción son modélicas. Sin duda es la mejor secuela Pixar junto a las de Toy Story. El cineasta demuestra que se le da mucho mejor la animación que las películas con actores de carne y hueso, a pesar de los resultados estimables que logró con Misión Imposible: Protocolo fantasma y Tomorrowland: El mundo del mañana. Bird se muestra muy inspirado al ofrecer una imaginativa trama con las mismas ideas de fondo que su predecesora, o sea, que una familia, por muchos talentos que posean sus componentes, es sobre todo una familia, en la que deben cuidar unos de otros y ayudarles a salir adelante, cada uno desde su sitio. Y tan heroica es la tarea de enfrentarse a los villanos de turno, como cambiarle los pañales sucios a un bebé.

Funciona muy bien, en tiempos de sobreexposición mediática, la idea de unos superhéroes que necesitan que se hable de ellos, ensalzándolos, que haya una cámara siempre filmando sus proezas. En tal sentido es un hallazgo la creación del personaje de Winston, como entusiasta creador de imagen de los superhéroes, le viene como anillo al dedo a Bob Odenkirk –hasta el dibujo se le parece físicamente– por su mucha labia, que retrotrae a su personaje de Breaking Bad y Better Call Saul. Además se cuidan los personajes femeninos, además de Elastigirl, Evelyn, la hermana de Winston, con la que se establece una complicidad, además de la embajadora, y de Edna, tan divertida como siempre, diseñando trajes. La galería de personajes es inacabable, pero la pena citar a un grupo de superhéroes con pintas algo cochambrosas, que dan mucho juego. Hay capacidad de sorpresa con el misterioso supervillano, que además da pie a algunas de las escenas más sorprendentes por sus cualidades hipnóticas y su juego con la luz y los contrastes, con un subtexto acerca del poder adictivo de las pantallas nada desdeñable. Aunque lo mejor probablemente sean las escenas domésticas, Bob cuidando de sus hijos, y las sorpresas que deparan su nueva casa y los poderes que empiezan a asomar en Jack-Jack, hay momentos tronchantes. 

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